Relatado por Manu
Abro los ojos lentamente. Me duele todo el cuerpo y apenas me puedo mover. Estoy en un lugar oscuro. Lo último que recuerdo es que alguien se abalanzó contra mí haciéndome caer al suelo.
Después empezaron los golpes y quedé inconsciente. Habrán pasado unas horas. Debe ser de madrugada. Dejo que la vista se vaya habituando a la oscuridad y me voy incorporando como puedo. Me duele mucho la cabeza. No sé dónde estoy. Palpo a tientas para levantarme y encuentro una pared en la que me apoyo. Me pongo de pie y busco el interruptor. Noto algo en mi bolsillo y lo saco. Acciono el interruptor y veo que se trata de mi móvil. Espero que siga funcionando. Tengo que llamar a un médico. Pero, ¿para qué? Ni siquiera sé dónde estoy. Miro si se enciende y por desgracia no. No tiene batería o se me ha estropeado por el golpe.
Salgo de esta habitación arrimado a la pared debido a la oscuridad. Llego hasta la puerta, pero la encuentro cerrada. Por más que intente abrirla, no lo consigo. Le pego una patada enfadado. Recuerdo lo que ha pasado de repente. Mañana en cuanto vengan, saldré. Vuelvo a la sala en la que he estado. Si me tengo que quedar aquí, al menos cerraré la puerta e intentaré dormir. Pero esto no va a quedar así, eso está claro.
Relatado por Ángeles Muñoz
Como bastante poco, la verdad. Ahora casi todo lo que coma, me da nauseas. Y según me ha dicho Dani, voy a estar 3 meses así. No sé si voy a poder aguantar. Pero lo haré por el bebé. Ni siquiera sé si Santi lo quiere. Se enfadó bastante al enterarse. Si no lo quiere, me haré cargo yo sola. Además sé que mi madre y mis hermanos me ayudarían en tal caso. Pero falta mucho tiempo para pensar en eso. Disfrutemos del presente, de la fiesta, de mi chico y de mis compañeros. Todos me tratan genial. Nada malo me va a pasar estando ellos cerca.
*Al día siguiente*
Santi me despierta dándome un beso de buenos días. Tengo la sensación de no haber dormido nada. Estoy agotada.
-¿Qué hora es?-pregunto con los ojos aún cerrados.
-Las 6:30, amor. Nuestro tren sale a las 8-Santi.
Tengo muchísimo sueño, pero hago el esfuerzo de levantarme. Hoy toca ir a Madrid para hacerle una visita a Calma. Aún no podemos sacarla del centro y llevarla a casa, pero estamos unas horas con ella.
Abro los ojos poco a poco y me encuentro con los de él. Le dedico una sonrisa.
-¿Cómo ha dormido lo más bonito del mundo?-me pregunta Santi con una sonrisa.
-Bien. ¿Y tú?-sigo sonriendo.
-¿En serio me lo preguntas estando a tu lado?-Santi.
-Anda tonto, calla-Ángeles.
-¿Acaso no es verdad?-me acaricia la mejilla a lo que sonrío aún más disfrutando de su presencia.
Me voy levantando lentamente a lo que él me ayuda. Me recuerda tanto a cuando empezamos..., que sin ser nada ya me ayudaba. Me ayudó a templar mis nervios, a descubrir lo maravillosa persona que es, me daba de comer cuando tuve la mano mal aunque yo no se lo pidiese. Ahora es mi turno de ayudarle a él con su hija. A pesar de que lo intente ocultar, sé que le duele esta situación. Se pone triste cuando tenemos que marcharnos y dejar a su hija allí. No se lo merece. Ojalá el juez y los servicios sociales viesen lo buen padre que es. Se desvive por esa niña. Hace cualquier cosa por estar con ella. La quiere mucho y Calma idolatra a su padre. Apenas nombra ya a su madre. Se da cuenta con quien está bien. Ella no es una muñeca que pueda ser utilizada. Santi me coge por la cintura y me sienta en sus piernas.
-¿Hablaste con Àngel para pedirle permiso?-Ángeles.
-Claro, tú tranquila. Está enterado de todo-aparta la mirada para que no le pueda ver sus ojos que se habrán anegado en lágrimas.
-Cariño, siento la interrupción pero... tengo que ir a ducharme y vestirme..-Ángeles.
Vuelve su mirada hacia mí y me da un beso en los labios. Baja sus besos a mi cuello. Disfruto de sus besos.
-Vamos a llegar tarde...-digo entrecortadamente.
Levanta la cabeza y me mira a los ojos. Me acaricia el cuello sin dejar de mirarme. Tras un rato de besos y caricias, me deja sentada en la cama y se levanta. Se dirige al armario y lo abre. Se gira para mirarme.
-¿Qué vas a ponerte hoy?-Santi.
-¿Ahora vas a decidir por mí?-le pregunto mirándole con una sonrisa.
-Debo cuidarte y que estés bien. Si eso significa elegirte la ropa, pues-Santi.
-Puedo hacerlo sola-me levanto y le intento apartar para coger la ropa que yo quiera, más no tengo apenas fuerzas y siento un débil mareo.
-Venga cariño, mira cómo estás-Santi.
-No ha sido nada-le digo segura de mis palabras.
-Todo suyo, señorita-se aparta dejándome que coja la ropa del armario.
Busco entre mi ropa y la cojo. Me dirijo al baño con ella y me encierro. Sé que lo hace con buena intención, pero es demasiado. No me acostumbro a tantas atenciones, no sé.
Relatado por Laia Vidal
Me despierto temprano. Hoy Tinet se ha quedado en mi casa porque le pillaba más cerca que la suya. Y a la hora que salimos del restaurante no era temprano que digamos. Apago el despertador en cuanto suena, para no despertarle, y me dirijo a la ducha. Una vez arreglada, vuelvo a la habitación y le observo dormir de pie junto a la cama. Es tan mono y me cuida tanto... Yo le quiero mucho y le admiro. Es mi modelo a seguir, mi maestro. A él le debo estar donde estoy. De hecho le debo la vida. Fue la primera persona que vi al despertarme tras el impacto de bala. Pero no hablemos de eso. Me acerco a él y le dejo un beso en los labios. Cojo mi bolso y las llaves y salgo de casa. Conduzco hasta Gestmusic y aparco cerca de la puerta. Es lo bueno de ser primera hora de la mañana, que no hay nadie. Saco la llave y abro. Entro a este inmenso edificio que ayer estaba inmerso en la alegría y diversión. Enciendo la luz del pasillo y me dirijo a la sala de montaje. Está todo muy silencioso. El silencio me gusta, puedo trabajar mejor. Cojo lo que grabamos ayer y me pongo los auriculares. Le doy al play y empiezo a mirar y a cortar trozos. De repente oigo un ruido en la sala de al lado. Me quedo petrificada en la silla. El miedo se apodera de mí. ¿Y si es quien me disparó? Me quedo quieta, apenas respiro para que no se note que estoy aquí, Me quito los auriculares con mucho cuidado dejándolos en la mesa. Me acerco a la puerta lentamente y me asomo al pasillo. No hay nadie. Tal vez lo haya imaginado. Voy cerrando la puerta poco a poco. Hasta que oigo la puerta principal cerrarse con un golpe sordo. Empiezo a temblar al pie de la puerta, a respirar nerviosa. Alguien ha entrado o salido. Cierro la puerta con la mayor delicadeza del mundo y vuelvo lentamente a mi asiento. Me siento, pero no puedo seguir con el trabajo El miedo me impide hacer nada. Sólo puedo pensar y estar en tensión. No he parado la grabación y veo que sigue avanzando sin que yo haga nada. Me quedo mirando un punto fijo. Oigo la puerta abrirse. No me muevo, sigo en la misma posición. No voy a hacer ningún movimiento brusco, por si acaso. Sino acordaos de la última vez que fui a donde no debía... De repente noto como unas manos tapan mis ojos y los cierro instintivamente.
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