Relatado por Dani Martínez
Me quedo extrañado mirando la puerta. La chica que acaba de irse parecía muy afectada por mi estado. Miro a Cristina y decido preguntarle.
-¿Quién es?-Dani.
-Fue compañera de trabajo-Cristina.
-Debíamos llevarnos muy bien para que le afecte tanto y venga a verme-Dani.
-Sí, eráis buenos amigos. Bueno, ella... estaba obsesionada contigo...-Cristina.
-Pobre...-Dani.
La compadezco. Estar enamorado de alguien que ves a diario no debe ser fácil. Cris me vuelve a besar y, aunque se lo sigo, no estoy muy pendiente. Sigo pensando en la rubia que se acaba de ir. Anna se llamaba, ¿no? Me suena mucho... Pero por más que intente recordar, no me viene nada.
Relatado por Anna Simon
Grito de dolor para ver si alguien viene. Duele mucho y llevo ya un tiempo en el suelo. Pero lo que más me duele es que Dani no me reconozca. Sé que no he sido la mejor novia, que no le he visitado todo lo que me hubiese gustado. Pero, ¿cambiarme por Cris? ¿Tan pronto? Una enfermera sube las escaleras y me ve.
-¡Una camilla!-grita.
-No, si no es para tanto...-intento quitarle importancia al asunto. Con que traigan una silla y me lo miren, me es suficiente.
Pero no me hace caso y pronto vienen 2 celadores que me cogen en brazos. Bajan los escalones que me quedaban por bajar y me ponen sobre una camilla. Espero que no sea nada y me pueda ir pronto. No tiene sentido que siga aquí. Me iré a Mollet. Intento reprimir las lágrimas, pero me es imposible. Creen que es por el dolor de pie, pero en realidad es por Dani. No me puedo creer que me haya olvidado y ahora esté con Cristina. Pero la culpa es mía por no haber estado más tiempo con él. Me he perdido su despertar. Pero tampoco iba a pedir días libres porque no me lo iban a permitir. Además tenía ensayos. Me animan diciendo que pronto se me pasará el dolor. Me llevan a la sala de rayos y me hacen una radiografía. Quieren saber si está roto o sólo es un esguince.
Relatado por Roko
-¿No te han dicho que ya ha aparecido?-Dan.
-Sí, pero...-Roko.
-Pues ahora tranquila-me acaricia el cuello.
-Pero, ¿y si está mal? Debo ir a verla...-Roko.
-Pronto va a venir y ahora venga, come-Dan.
-Es que no tengo hambre...-Roko.
-No me hagas avisar a Rai...-Dan.
Odio cuando dice esa frase. ¿No entiende que estoy preocupada por Ángeles? Y cuando estoy preocupada o nerviosa, se me cierra el estomago y no me entra nada. No es por gusto. Simplemente mi cuerpo no tolera la comida cuando mis nervios están a flor de piel. Saca el teléfono y le miro con cara de pocos amigos.
-Dan, no es lo que piensas-intento sonar creíble, pero parece que no me da resultado.
-Venga cariño, un poco-Dan.
-Allí tengo que aguantar a Rai, aquí te aguanto a ti... ¡Me voy a ir de Barcelona al final!-Roko.
Dan me mira sonriendo.
-¿Y a dónde irás?-me pregunta con una sonrisa cómplice.
-A...-pienso la respuesta, aunque no lo tengo decidido-¡A ti te lo voy a decir!
La verdad es que me voy relajando estando con Dan. Mi sonrisa vuelve a aparecer en mi rostro. Desde la desaparición de Ángeles que no sonreía. O tal vez antes. Con todo este tema, apenas tengo ganas de sonreír. El mundo gira en torno a la comida. Parece que sea el único tema para hablar. Noto sus miradas en mi cogote. Llega a ser realmente molesto. Cojo el tenedor y enrollo los espaguetis. Me los llevo a la boca.
-¿Y cuándo vamos a ir a tu pueblo?-me pregunta Dan.
-En el puente. O te acabe tirando de un puente, no lo sé-le miro sonriendo. Pone una mueca graciosa, como sorprendido.
-Pero, ¿qué te he hecho yo? Con lo que te quiero...-dramatiza haciendo que llora.
-No seas tan teatrero que no es pa tanto-Roko.
-No será para ti que nadie te ha amenazado-carraspeo y sigue-,que nadie te dice de tirarte por un puente...-Dan.
-Pero Santi me dijo que me cayese por las escaleras-le digo riendo.
No se lo tomé en cuenta, incluso me hizo gracia. Se enfada de verdad si le ponen mala nota y la tiene tomada conmigo. Dice que lo hago todo perfecto. En la gala pasada casi se cae. Entonces me auguró una caída. Que ese día sería bueno. Para él, claro, que ganaría. Sonrío recordando la gala del miércoles.
-Pues que no te eche mal de ojo. A ver si voy a tener que ir yo-Dan.
-Mal de ojo, mal de ojo. Exagerado, que eres un exagerado-empiezo a reír mirando a mi novio.
Creía que solo Santi y Arturo estaban mal, pero aquí todos lo están. Pero son muy divertidos y graciosos. Dejo el tenedor sobre el plato.
-¿Vamos a dar una vuelta?-le pregunto poniendo cara inocente.
-Pero si no has comido nada...-Dan.
-Es que no me entra más... Luego me compras algo, va-le insisto.
Me mira serio, pero al momento sonríe y se levanta.
-Anda, vamos-Dan.
Internamente lo celebro. Me he salido con la mía. Le dedico una sonrisa y me levanto también. Voy a por la chaqueta y me agarro de su brazo. Salimos de casa y empezamos a andar.
Relatado por Daniel Diges
-¿No lleva mucho tiempo ahí dentro?-pregunto nervioso.
-Estarán hablando entre ellas-me tranquiliza Javi.
Miro a Santi que tiene la vista clavada en el suelo. Echo un brazo sobre sus hombros.
-Tranquilo tío, va a salir de esta y será la de siempre-le intento tranquilizar y animar.
Levanta el rostro y me mira serio.
-¿Y si no vuelve a ser la misma? Piensa que ha perdido a su hijo, nuestro hijo... ¿Cómo se lo digo? ¿Cómo se supone que se lo tengo que decir?-Santi.
Intento buscar las palabras adecuadas, más no me salen al verle tan afectado. Yo en su lugar, no sabría si decírselo o no a Alejandra. Tal vez fuera mejor que se lo dijera el médico. Yo no estaría preparado para eso.
-Que se lo diga el médico que para eso son especialistas y pueden suavizarlo-Dani.
-¿Suavizarlo¿ ¿Cómo se suaviza la pérdida de un hijo?-empiezan a brotar unas lágrimas de sus ojos. Le miro atentamente-Cuando parecía que la vida nos brindaba con otro hijo, un hijo de los 2 surgido en el cariño y la reconciliación... va un hijo de puta y nos lo arrebata.
-Tranquilo-me acerco y le abrazo. Noto sus lágrimas en mi hombro.
-Además mañana le dan el alta, ¿no?-interviene Javi.
-Sí... según como evolucione...-Santi.
-Pues esta noche te vienes a casa a descansar-Dani.
-Pero...-Santi.
-Nada de peros. Necesitas descansar y aquí no lo vas a hacer-Dani.
Oímos la voz de María y me giro para mirarla. Nos dice que Ángeles ya está más tranquila y se ha quedado dormida. Miro a Santi de reojo.
-¿Me puedes hacer un favor?-Santi mira a María fijamente y ella se va acercando.
-Claro, dime-María.
María le acaricia la cara a Santi y le dedica una sonrisa a Javi.
-¿Podrías ir a esta dirección?-saca un papel y se lo da.
María lo coge y lo miro. Javi lo mira de reojo. María mira de nuevo a Santi.
-¿Esa no es la dirección a la que hemos ido an...?-empieza a decir Javi, pero María le calla.
-Shhh-María.
Le dedica una mirada asesina y sonrío evitando reír. Aunque la situación es graciosa, no es el mejor momento. No entiendo nada, pero no importa. María se guarda el papel y le hace un gesto a Javi para que salga fuera. Últimamente estos 2 andan muy misteriosos. Pero todo a su tiempo. Tal vez más adelante nos lo digan.
jueves, 26 de noviembre de 2015
jueves, 19 de noviembre de 2015
Capítulo 337:Lo que realmente pasó
Relatado por María del Monte
Abrazo a Santi y dejo que se desahogue. Esto no está siendo fácil para ninguno de nosotros, menos para él. Le transmito fortaleza, cariño, confianza. O al menos eso intento. Cuando está algo mejor, volvemos a la sala de espera.
-Voy a pasar a verla-María.
Miro a Santi para ver si está bien y me asiente en silencio. Salgo de allí y camino por el pasillo hasta llegar a unas puertas. Abro las puertas y me adentro en la zona de boxes. Voy por el pasillo y al fondo veo un puesto de enfermería. Le pregunto por Ángeles y me dice dónde está. Voy hacia allí y abro la cortina. la cierro rápidamente y la miro. La veo llorando, con sus manos sobre su tripa. Me acerco lentamente a su lado.
-Cariño...-María.
Cuando estoy a su altura, echa los brazos hacia mí y le respondo con un abrazo. Un abrazo que se alarga para intentar calmar su dolor. Pero no su dolor físico, sino el anímico. Lo ha debido pasar fatal y encima está lo de la pérdida. No se lo han dicho, pero lo ha debido intuir. Nos separamos, pero la sigo teniendo agarrada de la mano.
-Yaya, ¿por qué a mí? ¿Qué he hecho mal?-me pregunta entre lágrimas.
Se me parte el alma verla así.
-Tú no has hecho nada malo. El que te haya hecho esto ha sido el culpable, no tú. Tú eres la mujer más buena y cariñosa que conozco-María.
-Gracias María, pero... mi bebé... lo he... perdido...-no puede ni hablar de la pena que siente.
-¿Quieres contarme qué ha pasado?-le acaricio la mano con una mano y con la otra le limpio las lágrimas que le caen por el rostro.
-Siéntate a mi lado, por favor...-Ángeles.
Me hace un hueco en la cama y, sin soltarle la mano, me siento a su lado. Me mira con esos ojos tristes. Esos ojos que nunca habíamos visto antes, pero que ahora no puede evitar tenerlos.
-Pero prométeme que no se lo vas a contar a nadie o vendrá por mí-dice muerta de miedo.
-Ángeles, mi niña...-María.
-Por favor, María... Prométemelo...-Ángeles.
-De acuerdo...-accedo a regañadientes.
Se acomoda sobre la almohada, pone una mueca de dolor y me mira. Me mira como si atravesase mi piel con su mirada, como si estuviese viendo a través de mis ojos.
-He dicho que no recordaba nada, pero en realidad me acuerdo de todo lo vivido-empieza a decir con la mirada puesta en la mía.
Suspira y la mano que tenía en la tripa, la lleva a la cara y se limpia una lágrima que le ha caído. Y empieza a relatar lo que ha vivido.
Relatado por Ángeles Muñoz
María tiene derecho a saberlo y confío en que no se lo dirá a nadie. Fue muy clarito con su advertencia: como se lo digas a alguien, voy a por ti y te mato. Bueno no me dijo "te mato", pero ese "voy a por ti" fue muy convincente. Y la forma de decirlo también. No dejo de mirar a María fijamente. Con ella me siento tranquila.
-Todo empezó ayer en la estación de Barcelona. Me pareció verle cuando estaba subiendo al tren, pero me convencí que no podía ser. Pero mi pesadilla se confirmó al llegar a Madrid. Me estaba esperando a la salida del baño y me cogió. Me dijo que no gritase. Tiraba de mí haciéndome daño en el brazo. A la fuerza le iba siguiendo por la estación hasta la calle. Allí me empujó a un coche y me tapó los ojos. No pude ver nada, a dónde me llevaba. Tras un rato en marcha, paramos y me volvió a agarrar del brazo y a tirar de mí. Me empujaba para que anduviese. Yo no quería seguirle. Al llegar a un lugar, me quitó la venda. Ese lugar estaba a oscuras. Por eso me había quitado la venda. Me dijo que era una mentirosa, que le dije que no podía tener hijos cuando en realidad sí podía. Me abofeteó varias veces, me dio patadas. Hasta que en un momento salió a hablar fuera. No sé con quién hablaba. Pero cuando volvió me dijo que no iba a tener más hijos. Me dio una patada en la tripa. Me llevé las manos a ella protegiendo a mi bebé y reuní el valor para decirle que acabaría en la cárcel. Entonces me agarró del cuello y me dijo... me dijo que no le contase nada a nadie. Fue un aviso. Se llevó la mano al pantalón y me pone una navaja cerca de mi cara para que la vea. La baja. Yo creía que era para guardarla o llevarla a mi cuello como aviso. Pero noté el dolor en mi vientre. Y me desmayé. Desperté aquí-miro a María de nuevo.-Por eso no puedes decir nada a nadie o... me matará-otras lágrimas escapan de mis ojos.
-Pero, mi niña, no puedes dejar que esto quede así. Si no lo denuncias, volverá a por ti y a saber lo que te hace...-María.
-No le culpo, yo le mentí...-Ángeles.
-¡Ángeles! ¡No! No tienes la culpa, sólo él es culpable de esto-María.
La cortina vuelve a abrirse y entra un médico, distinto al anterior. Le pide a María que salga. En cuanto María sale, mira mis heridas y mis moratones. Tras hacerme el reconocimiento, sale y vuelve a entrar María.
-Al menos díselo a Santi. Tiene derecho a saberlo...-María.
-No, no puedo... A él... no le mentí, pero le oculté la verdad, Os la he ocultado a todos. Hasta Tinet tuvo que dar la cara por mí. Por algo que no era verdad. Es hora que asuma mis consecuencias-digo con convencimiento.
Abrazo a Santi y dejo que se desahogue. Esto no está siendo fácil para ninguno de nosotros, menos para él. Le transmito fortaleza, cariño, confianza. O al menos eso intento. Cuando está algo mejor, volvemos a la sala de espera.
-Voy a pasar a verla-María.
Miro a Santi para ver si está bien y me asiente en silencio. Salgo de allí y camino por el pasillo hasta llegar a unas puertas. Abro las puertas y me adentro en la zona de boxes. Voy por el pasillo y al fondo veo un puesto de enfermería. Le pregunto por Ángeles y me dice dónde está. Voy hacia allí y abro la cortina. la cierro rápidamente y la miro. La veo llorando, con sus manos sobre su tripa. Me acerco lentamente a su lado.
-Cariño...-María.
Cuando estoy a su altura, echa los brazos hacia mí y le respondo con un abrazo. Un abrazo que se alarga para intentar calmar su dolor. Pero no su dolor físico, sino el anímico. Lo ha debido pasar fatal y encima está lo de la pérdida. No se lo han dicho, pero lo ha debido intuir. Nos separamos, pero la sigo teniendo agarrada de la mano.
-Yaya, ¿por qué a mí? ¿Qué he hecho mal?-me pregunta entre lágrimas.
Se me parte el alma verla así.
-Tú no has hecho nada malo. El que te haya hecho esto ha sido el culpable, no tú. Tú eres la mujer más buena y cariñosa que conozco-María.
-Gracias María, pero... mi bebé... lo he... perdido...-no puede ni hablar de la pena que siente.
-¿Quieres contarme qué ha pasado?-le acaricio la mano con una mano y con la otra le limpio las lágrimas que le caen por el rostro.
-Siéntate a mi lado, por favor...-Ángeles.
Me hace un hueco en la cama y, sin soltarle la mano, me siento a su lado. Me mira con esos ojos tristes. Esos ojos que nunca habíamos visto antes, pero que ahora no puede evitar tenerlos.
-Pero prométeme que no se lo vas a contar a nadie o vendrá por mí-dice muerta de miedo.
-Ángeles, mi niña...-María.
-Por favor, María... Prométemelo...-Ángeles.
-De acuerdo...-accedo a regañadientes.
Se acomoda sobre la almohada, pone una mueca de dolor y me mira. Me mira como si atravesase mi piel con su mirada, como si estuviese viendo a través de mis ojos.
-He dicho que no recordaba nada, pero en realidad me acuerdo de todo lo vivido-empieza a decir con la mirada puesta en la mía.
Suspira y la mano que tenía en la tripa, la lleva a la cara y se limpia una lágrima que le ha caído. Y empieza a relatar lo que ha vivido.
Relatado por Ángeles Muñoz
María tiene derecho a saberlo y confío en que no se lo dirá a nadie. Fue muy clarito con su advertencia: como se lo digas a alguien, voy a por ti y te mato. Bueno no me dijo "te mato", pero ese "voy a por ti" fue muy convincente. Y la forma de decirlo también. No dejo de mirar a María fijamente. Con ella me siento tranquila.
-Todo empezó ayer en la estación de Barcelona. Me pareció verle cuando estaba subiendo al tren, pero me convencí que no podía ser. Pero mi pesadilla se confirmó al llegar a Madrid. Me estaba esperando a la salida del baño y me cogió. Me dijo que no gritase. Tiraba de mí haciéndome daño en el brazo. A la fuerza le iba siguiendo por la estación hasta la calle. Allí me empujó a un coche y me tapó los ojos. No pude ver nada, a dónde me llevaba. Tras un rato en marcha, paramos y me volvió a agarrar del brazo y a tirar de mí. Me empujaba para que anduviese. Yo no quería seguirle. Al llegar a un lugar, me quitó la venda. Ese lugar estaba a oscuras. Por eso me había quitado la venda. Me dijo que era una mentirosa, que le dije que no podía tener hijos cuando en realidad sí podía. Me abofeteó varias veces, me dio patadas. Hasta que en un momento salió a hablar fuera. No sé con quién hablaba. Pero cuando volvió me dijo que no iba a tener más hijos. Me dio una patada en la tripa. Me llevé las manos a ella protegiendo a mi bebé y reuní el valor para decirle que acabaría en la cárcel. Entonces me agarró del cuello y me dijo... me dijo que no le contase nada a nadie. Fue un aviso. Se llevó la mano al pantalón y me pone una navaja cerca de mi cara para que la vea. La baja. Yo creía que era para guardarla o llevarla a mi cuello como aviso. Pero noté el dolor en mi vientre. Y me desmayé. Desperté aquí-miro a María de nuevo.-Por eso no puedes decir nada a nadie o... me matará-otras lágrimas escapan de mis ojos.
-Pero, mi niña, no puedes dejar que esto quede así. Si no lo denuncias, volverá a por ti y a saber lo que te hace...-María.
-No le culpo, yo le mentí...-Ángeles.
-¡Ángeles! ¡No! No tienes la culpa, sólo él es culpable de esto-María.
La cortina vuelve a abrirse y entra un médico, distinto al anterior. Le pide a María que salga. En cuanto María sale, mira mis heridas y mis moratones. Tras hacerme el reconocimiento, sale y vuelve a entrar María.
-Al menos díselo a Santi. Tiene derecho a saberlo...-María.
-No, no puedo... A él... no le mentí, pero le oculté la verdad, Os la he ocultado a todos. Hasta Tinet tuvo que dar la cara por mí. Por algo que no era verdad. Es hora que asuma mis consecuencias-digo con convencimiento.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Capítulo 336:Llantos silenciosos
Relatado por Ángeles Muñoz
Miro a mi alrededor. Santi me ha dicho que iba a salir un momento. Tal vez necesite tomar el aire. A mí también me gustaría. Alguien abre la cortina, pero no es Santi.
-Tenemos que llevarte a hacerte pruebas-me dice una enfermera revisando el gotero.
La camilla empieza a moverse, me trasladan. Pero si yo puedo andar... Me resigno y me dejo llevar tumbada en la camilla. Dejaré que me hagan pruebas. Si eso ayuda a salir antes de aquí...
Tras realizarme las pruebas, me vuelven a llevar a la cortina. Un médico entra y pide hablar conmigo.
-Cuénteme qué ha pasado, Ángeles.
-No me acuerdo, no me acuerdo de nada...-Ángeles.
-Intente recordar, por favor.
Inconscientemente me llevo las manos a la tripa. Ha sido cuestión de un segundo, pero me ha venido la imagen de una navaja y he sentido un dolor punzante. Empiezo a llorar en silencio. Él se acerca y me abraza, pero lo aparto. Miro hacia mi abdomen y veo que tiene una gasa puesta. Giro la cabeza hacia el otro lado. No quiero verle, quiero que se vaya. En estos momentos quiero estar sola.
-Vete-Ángeles.
-Ángeles... sólo quiero que me cuentes qué ha pasado...
-¡Que te vayas!-Ángeles.
-Como quieras...
Sigo llorando en silencio acariciándome la tripa. No puede ser. Me ha quitado a lo que llevaba dentro de mí, a aquello que era de Santi y mío. Y ahora... estoy aquí, en la cama de un hospital. No quiero recordar más el suceso. Pero ese pequeño flash, da lugar a otros. Lo estoy reviviendo y no quiero. Me tapo los ojos con las manos y sigo llorando. Poco a poco me voy quedando dormida.
Relatado por Àngel Llàcer
Hemos salido ya del ginecólogo con la feliz noticia. Vamos a tener una niña.
-¿Puedo encender ya el móvil?-Mónica.
Mi móvil sigue vibrando, no paran de llegar mensajes. Si lo enciende, va a ver los mensajes.
-¿Para qué?-le pregunto nervioso.
-Para avisar a la churri-me dice con una sonrisa-Oye, estás muy raro... ¿Te pasa algo?-me mira con sospecha.
-¿A mí? Nada...-Àngel.
-Ya...-dice sin convencerse.
Saca el móvil y empieza a encenderlo. Saco el mío y se lo ofrezco.
-Teniendo aquí el mío... Puedes llamarla desde aquí...-Àngel.
-Prefiero desde el mío-Mónica.
-Bueno, pero déjame que te invite a algo para celebrarlo-Àngel.
La cojo del brazo y vamos a una cafetería cercana. Le pregunto que qué va a querer y voy a pedir. Desde la barra la miro. Desde el embarazo está más guapa si cabe. Aprovecho, mientras espero a que me pongan las bebidas, para revisar los mensajes.
-"¡Chicos! ¡La han encontrado!"-Carlos.
-"Dónde estaba?"-Miryam.
-Está bien?"-tecleo a toda velocidad.
-"De eso todavía no sabemos nada"-Carlos.
-"Nos vas avisando eh?"-Arnau.
-"Claro"-Carlos.
-"Oye, y Carol?"-Miryam.
-"Se iba a Mallorca este finde"-Carlos.
"Qué ha pasado, chicos? Por qué he leído que Ángeles ha desparecido?"-Mónica.
Cierro whatsapp rápidamente y la miro. Por suerte está pendiente del móvil y no me está mirando. Guardo el móvil y cojo las bebidas. Me acerco a la mesa y coloco las bebidas encima.
-Carol no lo coge, no da señal-me dice Mónica levantando la vista.
-Debe estar en el avión...-Àngel.
-Debe ser eso... Oye, ¿y qué es lo que ha pasado con Ángeles?-Mónica.
-Hemos dicho que nada de estrés, ¿eh?-Àngel.
-Es una compañera y me preocupo por ella. Que no soy tan mala como decís...-Mónica.
-Nadie dice eso...-Àngel.
-Santiago... Y a veces Arturo...-me dice con cara de pena.
Le cojo la mano y le acaricio el dorso de la mano.
-Pero no lo dicen en serio. Sólo lo dicen cuando les pones mala nota. Tú eres la mujer más buena que conozco. Y quien diga lo contrario, miente. Además de tener que enfrentarse a mí enfadado-Àngel.
-Pues no te enfades. Pero cuéntame lo que ha pasado...-me pide con cara de buena.
A esa carita no me puedo resistir y se lo acabo contando. Lo que yo sé al menos. Pero le he avisado antes que no se asuste ni se altere por nuestra niña. Ay qué bien suena eso, nuestra niña.
-¿Y al ex no le pueden poner una orden de alejamiento o algo?-pregunta al terminar mi relato.
-Pero si Ángeles no denuncia, poco podemos hacer nosotros...-Àngel.
-Ya hablaré yo con ella-Mónica.
Relatado por Anna Simon
Ya estoy en Zaragoza y me dirijo en taxi al hospital donde está Dani. Aún me pregunto por qué le he dicho a Lucho que iba a ver a un amigo. ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en Lucho? Esos rizos, esa sonrisa, la forma de maquillarme, lo divertido que es... Cuando me quiero dar cuenta, el taxista me avisa que hemos llegado. Pago y me bajo. Atravieso las puertas automáticas y me dirijo al ascensor. Llevo mucho tiempo sin venir. Parece eso, que vengo a visitar a un amigo y no a mi novio. El ascensor llega y me monto. Le doy al botón y el ascensor va subiendo. Mi cabeza no para de darle vueltas a todo: Dani, Lucho, Ángeles, ensayo, familia. Tendría que ir a Mollet a visitar también a mi familia. O al menos llamarles. Luego les avisaré que estoy aquí y que iré a la semana que viene. Abro la puerta y veo a Dani en la camilla tumbado como siempre. Pero esta vez despierto. Corro hacia él para abrazarlo. Me aparta con la mano y me mira confundido.
-¿Quién eres tú?-Dani.
-Dani...-unas lagrimas empiezan a brotar-soy yo... Anna...
Lo siento, pero no te conozco...-Dani.
Empiezo a llorar contemplándole. Me mira como si no me conociese. Esa mirada me duele, me está matando lentamente por dentro. Me doy la vuelta. No tiene sentido que siga aquí. La puerta se abre y aparece una mujer de pelo castaño, a la que conozco muy bien.
-Hola cariño-le dice cariñosamente.
Me giro y veo que se están besando y sonriendo. Esto no puede ser verdad. Salgo de la habitación dando un portazo y echo a correr escaleras abajo. Con tal mala suerte que el tobillo se me tuerce y caigo rodando por las escaleras.
Miro a mi alrededor. Santi me ha dicho que iba a salir un momento. Tal vez necesite tomar el aire. A mí también me gustaría. Alguien abre la cortina, pero no es Santi.
-Tenemos que llevarte a hacerte pruebas-me dice una enfermera revisando el gotero.
La camilla empieza a moverse, me trasladan. Pero si yo puedo andar... Me resigno y me dejo llevar tumbada en la camilla. Dejaré que me hagan pruebas. Si eso ayuda a salir antes de aquí...
Tras realizarme las pruebas, me vuelven a llevar a la cortina. Un médico entra y pide hablar conmigo.
-Cuénteme qué ha pasado, Ángeles.
-No me acuerdo, no me acuerdo de nada...-Ángeles.
-Intente recordar, por favor.
Inconscientemente me llevo las manos a la tripa. Ha sido cuestión de un segundo, pero me ha venido la imagen de una navaja y he sentido un dolor punzante. Empiezo a llorar en silencio. Él se acerca y me abraza, pero lo aparto. Miro hacia mi abdomen y veo que tiene una gasa puesta. Giro la cabeza hacia el otro lado. No quiero verle, quiero que se vaya. En estos momentos quiero estar sola.
-Vete-Ángeles.
-Ángeles... sólo quiero que me cuentes qué ha pasado...
-¡Que te vayas!-Ángeles.
-Como quieras...
Sigo llorando en silencio acariciándome la tripa. No puede ser. Me ha quitado a lo que llevaba dentro de mí, a aquello que era de Santi y mío. Y ahora... estoy aquí, en la cama de un hospital. No quiero recordar más el suceso. Pero ese pequeño flash, da lugar a otros. Lo estoy reviviendo y no quiero. Me tapo los ojos con las manos y sigo llorando. Poco a poco me voy quedando dormida.
Relatado por Àngel Llàcer
Hemos salido ya del ginecólogo con la feliz noticia. Vamos a tener una niña.
-¿Puedo encender ya el móvil?-Mónica.
Mi móvil sigue vibrando, no paran de llegar mensajes. Si lo enciende, va a ver los mensajes.
-¿Para qué?-le pregunto nervioso.
-Para avisar a la churri-me dice con una sonrisa-Oye, estás muy raro... ¿Te pasa algo?-me mira con sospecha.
-¿A mí? Nada...-Àngel.
-Ya...-dice sin convencerse.
Saca el móvil y empieza a encenderlo. Saco el mío y se lo ofrezco.
-Teniendo aquí el mío... Puedes llamarla desde aquí...-Àngel.
-Prefiero desde el mío-Mónica.
-Bueno, pero déjame que te invite a algo para celebrarlo-Àngel.
La cojo del brazo y vamos a una cafetería cercana. Le pregunto que qué va a querer y voy a pedir. Desde la barra la miro. Desde el embarazo está más guapa si cabe. Aprovecho, mientras espero a que me pongan las bebidas, para revisar los mensajes.
-"¡Chicos! ¡La han encontrado!"-Carlos.
-"Dónde estaba?"-Miryam.
-Está bien?"-tecleo a toda velocidad.
-"De eso todavía no sabemos nada"-Carlos.
-"Nos vas avisando eh?"-Arnau.
-"Claro"-Carlos.
-"Oye, y Carol?"-Miryam.
-"Se iba a Mallorca este finde"-Carlos.
"Qué ha pasado, chicos? Por qué he leído que Ángeles ha desparecido?"-Mónica.
Cierro whatsapp rápidamente y la miro. Por suerte está pendiente del móvil y no me está mirando. Guardo el móvil y cojo las bebidas. Me acerco a la mesa y coloco las bebidas encima.
-Carol no lo coge, no da señal-me dice Mónica levantando la vista.
-Debe estar en el avión...-Àngel.
-Debe ser eso... Oye, ¿y qué es lo que ha pasado con Ángeles?-Mónica.
-Hemos dicho que nada de estrés, ¿eh?-Àngel.
-Es una compañera y me preocupo por ella. Que no soy tan mala como decís...-Mónica.
-Nadie dice eso...-Àngel.
-Santiago... Y a veces Arturo...-me dice con cara de pena.
Le cojo la mano y le acaricio el dorso de la mano.
-Pero no lo dicen en serio. Sólo lo dicen cuando les pones mala nota. Tú eres la mujer más buena que conozco. Y quien diga lo contrario, miente. Además de tener que enfrentarse a mí enfadado-Àngel.
-Pues no te enfades. Pero cuéntame lo que ha pasado...-me pide con cara de buena.
A esa carita no me puedo resistir y se lo acabo contando. Lo que yo sé al menos. Pero le he avisado antes que no se asuste ni se altere por nuestra niña. Ay qué bien suena eso, nuestra niña.
-¿Y al ex no le pueden poner una orden de alejamiento o algo?-pregunta al terminar mi relato.
-Pero si Ángeles no denuncia, poco podemos hacer nosotros...-Àngel.
-Ya hablaré yo con ella-Mónica.
Relatado por Anna Simon
Ya estoy en Zaragoza y me dirijo en taxi al hospital donde está Dani. Aún me pregunto por qué le he dicho a Lucho que iba a ver a un amigo. ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en Lucho? Esos rizos, esa sonrisa, la forma de maquillarme, lo divertido que es... Cuando me quiero dar cuenta, el taxista me avisa que hemos llegado. Pago y me bajo. Atravieso las puertas automáticas y me dirijo al ascensor. Llevo mucho tiempo sin venir. Parece eso, que vengo a visitar a un amigo y no a mi novio. El ascensor llega y me monto. Le doy al botón y el ascensor va subiendo. Mi cabeza no para de darle vueltas a todo: Dani, Lucho, Ángeles, ensayo, familia. Tendría que ir a Mollet a visitar también a mi familia. O al menos llamarles. Luego les avisaré que estoy aquí y que iré a la semana que viene. Abro la puerta y veo a Dani en la camilla tumbado como siempre. Pero esta vez despierto. Corro hacia él para abrazarlo. Me aparta con la mano y me mira confundido.
-¿Quién eres tú?-Dani.
-Dani...-unas lagrimas empiezan a brotar-soy yo... Anna...
Lo siento, pero no te conozco...-Dani.
Empiezo a llorar contemplándole. Me mira como si no me conociese. Esa mirada me duele, me está matando lentamente por dentro. Me doy la vuelta. No tiene sentido que siga aquí. La puerta se abre y aparece una mujer de pelo castaño, a la que conozco muy bien.
-Hola cariño-le dice cariñosamente.
Me giro y veo que se están besando y sonriendo. Esto no puede ser verdad. Salgo de la habitación dando un portazo y echo a correr escaleras abajo. Con tal mala suerte que el tobillo se me tuerce y caigo rodando por las escaleras.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Capítulo 335:Te he encontrado
Relatado por María del Monte
Acabamos de salir del centro de menores. Hemos conocido a unos cuantos niños, los que nos ha dado tiempo. Si le queremos brindar un hogar, tenemos que elegir bien. Algunos estaban castigados, de modo que ni les hemos visto. Estaban en el recreo el resto de niños.
Y en cuanto a lo de antes, lo del móvil de Javi... Anna nos ha dicho que Ángeles ha desaparecido. Espero que no le haya pasado nada a mi niña. Como le haga algo... no respondo de mis actos. Que no me toquen a mi familia, que muerdo. Ya sea la de sangre o la de TCMS.
Caminamos por una zona de Madrid que no conozco. Necesitamos relajarnos y Javi me ha propuesto ir a un parque donde no suele ir gente. Es su lugar para recuperar la calma, según me ha dicho. Llegamos a un extenso prado y nos sentamos en la hierba. Javi me coge de la mano y me la acaricia mirándome a los ojos. Pero estoy distraída. Sólo puedo pensar en Ángeles. ¿Dónde estará? ¿Estará bien? En la lejanía noto algo, un bulto.
-Javi, ¿qué es eso?-le doy un golpe en el brazo para que mire hacia el lugar.
-Un momento, voy a mirar. Quédate aquí-Javi.
Javi se levanta y se acerca. Estoy de los nervios, como se puede apreciar. Espero impaciente hasta que Javi me llama a gritos.
-¡María! ¡Ven rápido!-Javi.
Me levanto rápidamente y me acerco. Me espanto al ver la imagen.
-Voy a llamar a una ambulancia-Javi.
Se aleja un poco para hablar por teléfono y me agacho a su altura. Unas lágrimas empiezan a brotar. No puede ser. Ella no. Ella es muy buena. No le puede estar pasando esto. Le cojo de la mano y le aparto un mechón que le tapa la cara.
-Mi niña, está aquí la yaya. La yaya te va a cuidar y no va a dejar que te pase nada malo. Pero tú tienes que aguantar hasta que lleguemos al hospital. Al final te he encontrado. Prometí encontrarte y aquí estoy...-más lágrimas recorren mis mejillas mientras la miro.
No sé quién es ese cabrón, pero como le coja se va a enterar. Esto no se le hace a una persona tan buena. Y si quiere estar con ella y ella está con otra persona, debe aceptarlo. Pero no hacer esta barbarie. Sus ojitos están cerrados, su labio roto, mejillas enrojecidas y una herida a la altura del abdomen. Busco algo para taponar la herida. Vuelve Javi, ya ha avisado a la ambulancia.
-¿No tendrás algún pañuelo?-María.
Javi saca uno del bolsillo y me lo da. Se lo pongo tapando la herida.
-Deberías avisar a Santi-María.
-Es lo que voy a hacer, tranquila-Javi.
-No me quiero imaginar cómo se pondrá cuando la vea así...-María.
Javi se acerca y me abraza por la espalda. Sé que a él también le afecta bastante. Es como una hermana para él. Fueron vecinos cuando ella era pequeña.
Llega la ambulancia y, mientras vemos cómo van poniéndole una vía y medicación, no puedo reprimir las lágrimas. Vaya día llevo de llorera. Vale que todo no es de tristeza. Pero buff. Suspiro intentando calmarme. La suben en una camilla y de ahí a la ambulancia. Nos dicen a qué hospital la llevan. Javi rápidamente coge el teléfono y le veo teclear muy deprisa.
Relatado por Santiago Segura
Miro la casa vacía. Me faltan mis princesas. Debería ir a visitar a Calma, pero no tengo ánimos. Tampoco sé lo que le diría si me preguntase por Ángeles. Me levanto y vago por la casa. Llego a nuestra habitación, a esa que compartimos cuando ella viene a mi casa. Me falta su sonrisa, simplemente su presencia. Me siento en la cama y acaricio la colcha que ha visto nuestro amor.
-Mi niña, no sé dónde estás pero te echo de menos...-Santi.
Me tumbo encima de la cama. Me quedo mirando la pared. No sé durante cuánto tiempo. El timbre suena y sin ganas me levanto y me acerco a la puerta, La abro y veo a Dani que se lanza a abrazarme.
-¡La han encontrado!-Dani.
-¿Qué dices? ¿Dónde está?-no me lo termino de creer.
-Está en el hospital. Venga, que te llevo-Dani.
Cojo las llaves y la chaqueta y le sigo rápidamente hasta el coche. Nos montamos y ponemos enseguida rumbo al hospital. Me siento aliviado por saber dónde está. Pero a saber cómo me la encuentro. Que es capaz de haberle hecho cualquier cosa.
En cuanto llegamos al hospital, me acerco a recepción y pregunto por ella.
-Enseguida saldrá un médico a hablar con usted. Vaya a la sala, por favor.
Dani me echa un brazo por encima de los hombros y vamos a la sala. María y Javi se levantan al verme llegar y vienen a abrazarme. Estoy impasible, no he derramado ni una sola lágrima. Pero tengo el nudo en la garganta. Siento una angustia en el pecho.
-¿Cómo está?-Santi.
-No nos han dicho nada. Simplemente a esperar-Javi.
-¿Familiares de Ángeles Muñoz?
Me giro y veo a un médico en la puerta con una carpeta en las manos. Me acerco y les digo a mis compañeros que esperen ahí. Puedo sólo enfrentarme a esto.
-Acompáñeme, por favor.
Me guía a través del pasillo, atravesamos unas puertas y nos detenemos.
-Quiero avisarle del estado de la señorita Muñoz antes de que la vea. Tiene hematomas por todo el cuerpo, varias costillas rotas...
-¿Y el bebé?-le interrumpo.
-A eso iba, señor. Tenía una puñalada en el abdomen. Lo siento, pero lo ha perdido...
-¿Puedo verla, por favor?-intento retener las lágrimas.
-Está sedada, pero pase. Dentro de poco despertará.
Me lleva a la cortina donde está entubada, con cables, un vendaje y con sus ojos cerrados. Dormida como si no hubiese pasado nada. Me acerco a la camilla y la tomo de la mano.
-Princesa...-unas lágrimas caen de mis ojos-ya estoy aquí... Me has tenido muy preocupado. Han sido las horas más duras de toda mi vida. No saber tu paradero me tenía en un sin vivir. Desde el momento en que tardabas en volver, ya me preocupé. Ojalá te hubiese acompañado... Te quiero-le dejo un tierno beso en los labios mientras no puedo dejar de llorar.
Me siento a su lado sin dejar de darle la mano. Quiero que me sienta cerca. Después de lo que parece una eternidad, noto como va moviendo sus dedos. Giro la cabeza para mirarla. Tiene sus ojos abiertos. Salgo corriendo en busca del médico. Viene enseguida y le pide que coja aire. Cuenta hasta 3 y le quita el tubo de su garganta. Ángeles tose y me mira confundida.
-¿Qué ha pasado?-Ángeles.
-¿De verdad no te acuerdas?-Santi.
El médico le pregunta si se acuerda cómo se llama, en qué año estamos y demás preguntas rutinarias. A todo contesta correctamente. Suspiro aliviado. No se ha olvidado de todo. Al acabar la revisión, me llama para salir fuera.
-Seguramente sea el shock y su mente bloquea el episodio traumático.
-Entonces... ¿aún cree que está embarazada?-Santi.
-Sí, pero será mejor no decírselo por ahora. La voy a dejar en observación esta noche a ver cómo evoluciona.
-Gracias-Santi.
Vuelvo a entrar y me acerco a ella fingiendo una sonrisa.
-Ángeles, te vas a quedar esta noche aquí. Si evolucionas favorablemente, mañana podrás irte a casa.
Ángeles le sonríe. El médico sale y me acerco a la camilla.
-Qué raro... No le conozco... Debe ser nuevo...-Ángeles.
-¿Dónde crees que estás?-Santi.
-En Barcelona... Mañana vamos a ver a la niña a Madrid-Ángeles.
Le acaricio la cara. Es tan preciosa. Unas lágrimas recorren mis mejillas. Cree que es jueves y estamos aún allí. Su cerebro quiere borrarle todo lo que haya vivido.
-Pero, ¿por qué lloras? Sólo ha sido un accidente. Y mañana volvemos a casa. ¿A qué casa vamos? ¿A la tuya o a la mía?-Ángeles.
Sigo llorando sin poder controlarlo. Es como si no hubiese pasado nada para ella.
-¿Me disculpas un momento?-ella asiente-Ahora vuelvo.
Salgo lo más rápido posible para que no me vea más en este estado. Me tiemblan las manos, las lágimas no dejan de salir y siento una opresión en el pecho. Camino rápidamente por el pasillo hasta salir de la zona de boxes. Salgo a la puerta de la calle, necesito tomar el aire. Ahí dentro me va a dar algo. Por la espalda noto unos brazos dándome un abrazo.
-Todo va a salir bien.
Acabamos de salir del centro de menores. Hemos conocido a unos cuantos niños, los que nos ha dado tiempo. Si le queremos brindar un hogar, tenemos que elegir bien. Algunos estaban castigados, de modo que ni les hemos visto. Estaban en el recreo el resto de niños.
Y en cuanto a lo de antes, lo del móvil de Javi... Anna nos ha dicho que Ángeles ha desaparecido. Espero que no le haya pasado nada a mi niña. Como le haga algo... no respondo de mis actos. Que no me toquen a mi familia, que muerdo. Ya sea la de sangre o la de TCMS.
Caminamos por una zona de Madrid que no conozco. Necesitamos relajarnos y Javi me ha propuesto ir a un parque donde no suele ir gente. Es su lugar para recuperar la calma, según me ha dicho. Llegamos a un extenso prado y nos sentamos en la hierba. Javi me coge de la mano y me la acaricia mirándome a los ojos. Pero estoy distraída. Sólo puedo pensar en Ángeles. ¿Dónde estará? ¿Estará bien? En la lejanía noto algo, un bulto.
-Javi, ¿qué es eso?-le doy un golpe en el brazo para que mire hacia el lugar.
-Un momento, voy a mirar. Quédate aquí-Javi.
Javi se levanta y se acerca. Estoy de los nervios, como se puede apreciar. Espero impaciente hasta que Javi me llama a gritos.
-¡María! ¡Ven rápido!-Javi.
Me levanto rápidamente y me acerco. Me espanto al ver la imagen.
-Voy a llamar a una ambulancia-Javi.
Se aleja un poco para hablar por teléfono y me agacho a su altura. Unas lágrimas empiezan a brotar. No puede ser. Ella no. Ella es muy buena. No le puede estar pasando esto. Le cojo de la mano y le aparto un mechón que le tapa la cara.
-Mi niña, está aquí la yaya. La yaya te va a cuidar y no va a dejar que te pase nada malo. Pero tú tienes que aguantar hasta que lleguemos al hospital. Al final te he encontrado. Prometí encontrarte y aquí estoy...-más lágrimas recorren mis mejillas mientras la miro.
No sé quién es ese cabrón, pero como le coja se va a enterar. Esto no se le hace a una persona tan buena. Y si quiere estar con ella y ella está con otra persona, debe aceptarlo. Pero no hacer esta barbarie. Sus ojitos están cerrados, su labio roto, mejillas enrojecidas y una herida a la altura del abdomen. Busco algo para taponar la herida. Vuelve Javi, ya ha avisado a la ambulancia.
-¿No tendrás algún pañuelo?-María.
Javi saca uno del bolsillo y me lo da. Se lo pongo tapando la herida.
-Deberías avisar a Santi-María.
-Es lo que voy a hacer, tranquila-Javi.
-No me quiero imaginar cómo se pondrá cuando la vea así...-María.
Javi se acerca y me abraza por la espalda. Sé que a él también le afecta bastante. Es como una hermana para él. Fueron vecinos cuando ella era pequeña.
Llega la ambulancia y, mientras vemos cómo van poniéndole una vía y medicación, no puedo reprimir las lágrimas. Vaya día llevo de llorera. Vale que todo no es de tristeza. Pero buff. Suspiro intentando calmarme. La suben en una camilla y de ahí a la ambulancia. Nos dicen a qué hospital la llevan. Javi rápidamente coge el teléfono y le veo teclear muy deprisa.
Relatado por Santiago Segura
Miro la casa vacía. Me faltan mis princesas. Debería ir a visitar a Calma, pero no tengo ánimos. Tampoco sé lo que le diría si me preguntase por Ángeles. Me levanto y vago por la casa. Llego a nuestra habitación, a esa que compartimos cuando ella viene a mi casa. Me falta su sonrisa, simplemente su presencia. Me siento en la cama y acaricio la colcha que ha visto nuestro amor.
-Mi niña, no sé dónde estás pero te echo de menos...-Santi.
Me tumbo encima de la cama. Me quedo mirando la pared. No sé durante cuánto tiempo. El timbre suena y sin ganas me levanto y me acerco a la puerta, La abro y veo a Dani que se lanza a abrazarme.
-¡La han encontrado!-Dani.
-¿Qué dices? ¿Dónde está?-no me lo termino de creer.
-Está en el hospital. Venga, que te llevo-Dani.
Cojo las llaves y la chaqueta y le sigo rápidamente hasta el coche. Nos montamos y ponemos enseguida rumbo al hospital. Me siento aliviado por saber dónde está. Pero a saber cómo me la encuentro. Que es capaz de haberle hecho cualquier cosa.
En cuanto llegamos al hospital, me acerco a recepción y pregunto por ella.
-Enseguida saldrá un médico a hablar con usted. Vaya a la sala, por favor.
Dani me echa un brazo por encima de los hombros y vamos a la sala. María y Javi se levantan al verme llegar y vienen a abrazarme. Estoy impasible, no he derramado ni una sola lágrima. Pero tengo el nudo en la garganta. Siento una angustia en el pecho.
-¿Cómo está?-Santi.
-No nos han dicho nada. Simplemente a esperar-Javi.
-¿Familiares de Ángeles Muñoz?
Me giro y veo a un médico en la puerta con una carpeta en las manos. Me acerco y les digo a mis compañeros que esperen ahí. Puedo sólo enfrentarme a esto.
-Acompáñeme, por favor.
Me guía a través del pasillo, atravesamos unas puertas y nos detenemos.
-Quiero avisarle del estado de la señorita Muñoz antes de que la vea. Tiene hematomas por todo el cuerpo, varias costillas rotas...
-¿Y el bebé?-le interrumpo.
-A eso iba, señor. Tenía una puñalada en el abdomen. Lo siento, pero lo ha perdido...
-¿Puedo verla, por favor?-intento retener las lágrimas.
-Está sedada, pero pase. Dentro de poco despertará.
Me lleva a la cortina donde está entubada, con cables, un vendaje y con sus ojos cerrados. Dormida como si no hubiese pasado nada. Me acerco a la camilla y la tomo de la mano.
-Princesa...-unas lágrimas caen de mis ojos-ya estoy aquí... Me has tenido muy preocupado. Han sido las horas más duras de toda mi vida. No saber tu paradero me tenía en un sin vivir. Desde el momento en que tardabas en volver, ya me preocupé. Ojalá te hubiese acompañado... Te quiero-le dejo un tierno beso en los labios mientras no puedo dejar de llorar.
Me siento a su lado sin dejar de darle la mano. Quiero que me sienta cerca. Después de lo que parece una eternidad, noto como va moviendo sus dedos. Giro la cabeza para mirarla. Tiene sus ojos abiertos. Salgo corriendo en busca del médico. Viene enseguida y le pide que coja aire. Cuenta hasta 3 y le quita el tubo de su garganta. Ángeles tose y me mira confundida.
-¿Qué ha pasado?-Ángeles.
-¿De verdad no te acuerdas?-Santi.
El médico le pregunta si se acuerda cómo se llama, en qué año estamos y demás preguntas rutinarias. A todo contesta correctamente. Suspiro aliviado. No se ha olvidado de todo. Al acabar la revisión, me llama para salir fuera.
-Seguramente sea el shock y su mente bloquea el episodio traumático.
-Entonces... ¿aún cree que está embarazada?-Santi.
-Sí, pero será mejor no decírselo por ahora. La voy a dejar en observación esta noche a ver cómo evoluciona.
-Gracias-Santi.
Vuelvo a entrar y me acerco a ella fingiendo una sonrisa.
-Ángeles, te vas a quedar esta noche aquí. Si evolucionas favorablemente, mañana podrás irte a casa.
Ángeles le sonríe. El médico sale y me acerco a la camilla.
-Qué raro... No le conozco... Debe ser nuevo...-Ángeles.
-¿Dónde crees que estás?-Santi.
-En Barcelona... Mañana vamos a ver a la niña a Madrid-Ángeles.
Le acaricio la cara. Es tan preciosa. Unas lágrimas recorren mis mejillas. Cree que es jueves y estamos aún allí. Su cerebro quiere borrarle todo lo que haya vivido.
-Pero, ¿por qué lloras? Sólo ha sido un accidente. Y mañana volvemos a casa. ¿A qué casa vamos? ¿A la tuya o a la mía?-Ángeles.
Sigo llorando sin poder controlarlo. Es como si no hubiese pasado nada para ella.
-¿Me disculpas un momento?-ella asiente-Ahora vuelvo.
Salgo lo más rápido posible para que no me vea más en este estado. Me tiemblan las manos, las lágimas no dejan de salir y siento una opresión en el pecho. Camino rápidamente por el pasillo hasta salir de la zona de boxes. Salgo a la puerta de la calle, necesito tomar el aire. Ahí dentro me va a dar algo. Por la espalda noto unos brazos dándome un abrazo.
-Todo va a salir bien.
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