Relatado por María del Monte
Y os preguntaréis que a dónde he ido, ¿verdad? Eso quedará para vuestra curiosidad, mis queridos lectores. Y ahora dejadme que os cuente la situación. Tengo frente a mí a Javi con los ojos cerrados. Rebusco en el bolso lo que he comprado. Es tan pequeño que se esconde. Lo encuentro al fin y lo abro. Sonrío y lo vuelvo a cerrar. Mi madre me mira con cara de no entender nada.
-Quilla, hija, no le hagas sufrir más-me mete prisa.
Noto a Javi nervioso aunque esté con los ojos cerrados. Sonríe a ratos, mueve el cuerpo hacia delante y hacia atrás con las manos en la espalda.
-Abre los ojos, mi amor-le pido a Javi.
Los abre impaciente.
-Que estoy pensando... ¿Has desayunado?-María.
-María...-Javi me mira con cara de impaciencia.
Si es que pobre, le llamo y ahora le hago esperar. Pero no quiero que esté con el estómago vacío el muchacho. Tendrá que comer algo y luego ya... Que el desayuno es la comida más importante del día.
-Yo digo para que comas algo, que tengas algo en el cuerpo, ¡chiquillo!-María.
-He desayunado ya. ¿Me vas a decir qué es ya? María, por favor, que estoy de los nervios...-Javi.
-Y yo-corrobora mi madre.
-Vale, vale. De acuerdo-digo calmando los ánimos.
Ya no le voy a hacer cerrar los ojos de nuevo. Pobrecito, cómo le hago sufrir a mi niño. Sonrío y saco la mano de detrás de la espalda.
-Abre la mano y extiéndela-María.
Estoy alargando el momento porque estoy atacá de los nervios. Y así voy haciendo cosas a la vez que me relajo. Creo que estoy transmitiendo mis nervios a los presentes. Tanto mi madre como Javi me miran con curiosidad. Javi extiende la mano abierta y le coloco la cajita encima. Javi está tan nervioso que no puede abrirla. Por más que lo intenta, se le resiste. Le miro divertida.
-¿Quieres que te la abra?-digo con una sonrisa.
Me la extiende sin mediar palabra. Ahora soy yo la que no la puede abrir.
-¡Anda que vaya 2! Traed aquí-pide mi madre.
Le doy la cajita a mi madre y la abre sin problemas. Se queda alucinada. Me mira, mira a Javi y se le saltan las lágrimas.
-Ay cariño...
-¿Qué? ¿Qué?-pregunta Javi alterado.
Mi madre le pasa la caja y por fin puede ver el contenido. Espero haber acertado. Le cojo la mano, sonrío y me armo de valor.
-Javi, ya sé que suele al revés pero me da igual. ¿Quieres... casarte conmigo?-María.
-¿En serio?-Javi.
-Claro, si tú quieres...-María.
-Antes tengo que solucionar un asuntillo...-dice Javi y se va dejando la caja encima de la mesa.
No sé si quiere, si no quiere. Se ha marchado precipitadamente hacia la habitación. Le dejaré que haga lo que tenga que hacer. Será importante.
Relatado por Santiago Segura
Espera un momento: ¿ha dicho que no puede o que no quiere? Me quedo un poco confuso. Además están de vuelta mi hija y mi futura suegra. Bueno ahora ya no lo sé. No me ha quedado muy clara la respuesta de Ángeles.
-Perdóname-dice Ángeles y se marcha.
Ha salido de casa. Tengo el impulso de seguirla, pero Lucía me detiene.
-Sea lo que sea, déjala un rato sola. Volverá aquí, no te preocupes.
-Papi, ¿qué le pasa a mami?-Calma.
-Nada-le contesto con un nudo en la garganta.
-¿No le vas a dar a papá galletas para que las pruebe?-le pregunta Lucía a mi hija.
Calma asiente y me ofrece una galleta, que ha cogido de la bandeja que lleva Lucía. Las cojo por no hacerle el feo. Me quedo mirando la cajita y la puerta de la calle. ¿Por qué? Que al menos me dé una razón, pero no irse así sin más. A lo mejor es que ya no me quiere y no se atreve a decírmelo. O por mi ex. O por la niña (aunque se lleva genial con ella). Esto me ha dejado trastocado.
Relatado por Carolina Cerezuela
Estoy recibiendo cariñitos de mi marido cuando me suena el móvil. Es un whatsapp de Anna.
-Cariño, tengo que irme a Barcelona-Carolina.
-¿Tan pronto?-me pregunta Carlos poniéndome carita de pena.
-¡Vente conmigo!-sólo se me ocurre eso para estar con todos a los que quiero.
Cojo de nuevo el móvil mientras Carlos se va. Entro a whatsapp y mando uno por el grupo.
-"Chicos! Los que podáis, nos vemos en Barcelona. Llevad a vuestras parejas e hijos. Os lo explicaré en el hotel"-Carolina.
Bloqueo de nuevo el móvil y voy a la habitación a hacer la maleta. Al pasar por la habitación de mi hija sonrío. Están padre e hija haciendo la mochilita de Carla. Así que al final van a venir. Así estaremos todos juntos. ¡Anda! Hay que avisar a Vanessa. Ella no está en el grupo. Hay que meterla, sin ninguna duda. Pero hasta que lo hagan...
-"Vane, puedes ir hoy a Barcelona?"-Carolina.
-"Por?"-Vanessa.
-"Es por Mónica...-Carolina.
Pero antes de seguir escribiendo, me escribe que claro que va. Bien, ya está todo organizado. Ahora a hacer la maleta.
lunes, 19 de mayo de 2014
martes, 13 de mayo de 2014
Capítulo 234:Un sábado diferente
Relatado por Mónica Naranjo
Después de dejar a mi cuñada, mi sobrina y a su amiga deambulo por las calles. Me siento sola en una ciudad llena de gente. Apartarme de su lado es lo peor que me puede pasar. Y más ahora. Me llevo una mano a la tripa y una lágrima asoma. Vuelvo al origen de esta historia. Está vacío. Claro, ¿quién va a estar un sábado por la mañana aquí? Llego al despacho de Tinet. No sé si estará, pero necesito a alguien en este momento. Tal vez pueda hablar con Àngel. Toco la puerta y espero. No se oyen ruidos. No estará. Me voy de allí. Necesito pensar y qué mejor lugar que éste. Me siento en la silla. Miro a mi lado, alrededor. Está tan vacío... Parece más grande. Se llena de vida cuando hay gala y a mí me proporcionan risas, espectáculo. Necesitaría aquí a Santiago o a Arturo. Oculto mi cara entre mis manos y me echo a llorar. No puedo con esto. Me supera. ¿Qué voy a hacer si me deja?
Relatado por Anna Simon
-Te voy a enseñar donde hago todo esto de Tu cara me suena-Anna.
Miro a Dani y a mi sobrina. Hemos llegado a Getmusic y le voy a enseñar a mi sobrina todo. Me ha insistido mucho y no creo que importe que venga un sábado. Los sábados no suele haber nadie y si hay, suele ser Tinet, Laia o algún profe preparando clases o teniendo alguna reunión. Así que no hay problema. Nos dirigimos, en primer lugar, a vestuario.
-¡Hala! ¿Y toda esta ropa te pones, tita?-me pregunta maravillada.
-Toda no, la que me toque para el personaje-Anna.
-¿Y podríamos jugar en casa?
-¿Por qué no?-miro a Dani con una sonrisa.
-No, ni hablar. A mí no me metáis en esas movidas. Bastante tengo con mi espectáculo...-Dani.
Mi sobrina y yo le insistimos como 2 niñas. En el fondo soy una niña grande aunque me llamen abuela.
-Bueno, lo pensaré-termina diciendo.
Eso quiere decir que a la mínima que yo le insista un poco más, le convenzo. Y una tiene sus artimañas. Con la tontería, hemos pasado ya por peluquería y maquillaje y por las salas de ensayos. Está muy vacío sin el equipo de música, sin el teclado. Nos dirigimos, en último lugar, a plató donde se graba la gala, donde estamos la mayor parte del tiempo. También hemos pasado por la sala de concursantes, por si lo queréis saber. Entramos y puedo darme cuenta que no estamos solos. En la mesa del jurado hay una persona apoyada en la mesa sobre sus propios brazos.
-Tita, vámonos-me susurra mi sobrina tirándome de la manga.
-No pasa nada. Quedaros aquí que ahora vuelvo.
Dejo a mi sobrina con Dani y me acerco hasta la mesa del jurado. Por detrás veo el pelo largo de Mónica. Me acerco cautelosamente. Tampoco la quiero molestar. Cuando estoy al lado suyo no sé si tocarle el brazo para que sepa que estoy aquí o sentarme a su lado. Opto por la segunda opción. Me siento en la silla que ocupa Carolina. Le toco el brazo con suavidad. Levanta la cara, llena de lágrimas, y me mira. Me abraza y le devuelvo el abrazo.
-Mónica, ¿qué te pasa, cuqui?-Anna.
-Àngel...-es todo lo que dice y se echa de nuevo a llorar.
-Tranquila, guapa. Ven conmigo, vamos a casa-Anna.
-No, no. Da igual...-Mónica.
-Mónica,-me separo de ella y la miro seria-sin discusión.
Mónica se levanta y hago lo mismo. Vamos a la puerta donde aún esperan Dani y mi sobrina. Dani me mira preguntándome con la mirada qué pasa. Le hago un gesto de luego. Ahora hay que estar a Mónica y animarla, sea lo que sea lo que le pase.
Relatado por Javier Herrero
Sigo en Sevilla con María y su madre. Me parece raro estar así de bien con ella y, sobre todo, que no me haya llamado Blanca. Sé que estoy con María, pero no puedo dejar de pensar en ella. Mirad sino cómo está Santi por estar con Ángeles y querer separarse de su mujer. A lo mejor me llamáis cobarde, pero no puedo decirle nada todavía a Blanca. Ya iré a Madrid y la veré y ahí tendré que decirle algo. Tengo que decírselo porque mi idea es pasar mi vida junto a María, tal vez casarnos.
-Javi, cariño, ven al salón un momento-me llama María.
Me levanto de la cama y salgo de la habitación. Voy hasta el salón y me encuentro con la madre de María. La saludo y miro a mi alrededor buscando a María.
-Si buscas a María, me ha dicho que ahora viene. Pero ponte cómodo, Javier-me dice su madre.
Me siento en el sofá al lado suyo y me quedo algo cortado. No la conozco y me he quedado a solas con ella. Ya sé que no me va a hacer nada. Es una mujer muy agradable y me está tratando genial lo que llevo en la casa. Ve el amor que nos tenemos su hija y yo y se alegra.
-Bueno, Javier, ¿y qué tal tu familia?
-Todos bien, gracias. ¿Y usted qué tal está?
-Pues tirando. Si te dijera que bien, te mentiría.
-Pues está usted estupenda.
-Ay hijo, tú que me ves con buenos ojos. Ahora entiendo a María que se haya fijado en ti. Si eres un encanto de chico.
Le hago un gesto con la mano quitándole importancia. Seguimos hablando un poco más. Hablamos de cómo nos va en Tu cara me suena, cómo es de cerca Àngel que a mí me mete mucha caña. Llevamos ya un rato hablando y María aún no ha vuelto.
-¿Su hija le ha dicho dónde iba?
-No, sólo que se iba y que no tardaría en volver. Pero es verdad que está tardando un poco. Pero tranquilo. ¿La quieres mucho?
-Más de lo que puedo. Es la mujer con la que quiero compartir mi vida, verla al despertar, desayunar juntos, yendo juntos por la calle cogidos de la mano, pasar las tardes en casa o salir por ahí...
-¡Que no soy una jovencita!-se oye por la puerta. María ya ha vuelto. Me sale una sonrisa automática.
Espero hasta que se acerque al salón. Tengo ganas de verla y eso que no hace tanto que no nos vemos. La veo aparecer por la puerta con una sonrisa de oreja. Viene muy guapa.
-¿Qué me querías?
-Ven-me llama. Me levanto y me acerco a ella.-Y cierra los ojos.
¿Qué me tendrá preparado? La miro inseguro, pero con la mirada me insiste. La hago caso y cierro los ojos.
Después de dejar a mi cuñada, mi sobrina y a su amiga deambulo por las calles. Me siento sola en una ciudad llena de gente. Apartarme de su lado es lo peor que me puede pasar. Y más ahora. Me llevo una mano a la tripa y una lágrima asoma. Vuelvo al origen de esta historia. Está vacío. Claro, ¿quién va a estar un sábado por la mañana aquí? Llego al despacho de Tinet. No sé si estará, pero necesito a alguien en este momento. Tal vez pueda hablar con Àngel. Toco la puerta y espero. No se oyen ruidos. No estará. Me voy de allí. Necesito pensar y qué mejor lugar que éste. Me siento en la silla. Miro a mi lado, alrededor. Está tan vacío... Parece más grande. Se llena de vida cuando hay gala y a mí me proporcionan risas, espectáculo. Necesitaría aquí a Santiago o a Arturo. Oculto mi cara entre mis manos y me echo a llorar. No puedo con esto. Me supera. ¿Qué voy a hacer si me deja?
Relatado por Anna Simon
-Te voy a enseñar donde hago todo esto de Tu cara me suena-Anna.
Miro a Dani y a mi sobrina. Hemos llegado a Getmusic y le voy a enseñar a mi sobrina todo. Me ha insistido mucho y no creo que importe que venga un sábado. Los sábados no suele haber nadie y si hay, suele ser Tinet, Laia o algún profe preparando clases o teniendo alguna reunión. Así que no hay problema. Nos dirigimos, en primer lugar, a vestuario.
-¡Hala! ¿Y toda esta ropa te pones, tita?-me pregunta maravillada.
-Toda no, la que me toque para el personaje-Anna.
-¿Y podríamos jugar en casa?
-¿Por qué no?-miro a Dani con una sonrisa.
-No, ni hablar. A mí no me metáis en esas movidas. Bastante tengo con mi espectáculo...-Dani.
Mi sobrina y yo le insistimos como 2 niñas. En el fondo soy una niña grande aunque me llamen abuela.
-Bueno, lo pensaré-termina diciendo.
Eso quiere decir que a la mínima que yo le insista un poco más, le convenzo. Y una tiene sus artimañas. Con la tontería, hemos pasado ya por peluquería y maquillaje y por las salas de ensayos. Está muy vacío sin el equipo de música, sin el teclado. Nos dirigimos, en último lugar, a plató donde se graba la gala, donde estamos la mayor parte del tiempo. También hemos pasado por la sala de concursantes, por si lo queréis saber. Entramos y puedo darme cuenta que no estamos solos. En la mesa del jurado hay una persona apoyada en la mesa sobre sus propios brazos.
-Tita, vámonos-me susurra mi sobrina tirándome de la manga.
-No pasa nada. Quedaros aquí que ahora vuelvo.
Dejo a mi sobrina con Dani y me acerco hasta la mesa del jurado. Por detrás veo el pelo largo de Mónica. Me acerco cautelosamente. Tampoco la quiero molestar. Cuando estoy al lado suyo no sé si tocarle el brazo para que sepa que estoy aquí o sentarme a su lado. Opto por la segunda opción. Me siento en la silla que ocupa Carolina. Le toco el brazo con suavidad. Levanta la cara, llena de lágrimas, y me mira. Me abraza y le devuelvo el abrazo.
-Mónica, ¿qué te pasa, cuqui?-Anna.
-Àngel...-es todo lo que dice y se echa de nuevo a llorar.
-Tranquila, guapa. Ven conmigo, vamos a casa-Anna.
-No, no. Da igual...-Mónica.
-Mónica,-me separo de ella y la miro seria-sin discusión.
Mónica se levanta y hago lo mismo. Vamos a la puerta donde aún esperan Dani y mi sobrina. Dani me mira preguntándome con la mirada qué pasa. Le hago un gesto de luego. Ahora hay que estar a Mónica y animarla, sea lo que sea lo que le pase.
Relatado por Javier Herrero
Sigo en Sevilla con María y su madre. Me parece raro estar así de bien con ella y, sobre todo, que no me haya llamado Blanca. Sé que estoy con María, pero no puedo dejar de pensar en ella. Mirad sino cómo está Santi por estar con Ángeles y querer separarse de su mujer. A lo mejor me llamáis cobarde, pero no puedo decirle nada todavía a Blanca. Ya iré a Madrid y la veré y ahí tendré que decirle algo. Tengo que decírselo porque mi idea es pasar mi vida junto a María, tal vez casarnos.
-Javi, cariño, ven al salón un momento-me llama María.
Me levanto de la cama y salgo de la habitación. Voy hasta el salón y me encuentro con la madre de María. La saludo y miro a mi alrededor buscando a María.
-Si buscas a María, me ha dicho que ahora viene. Pero ponte cómodo, Javier-me dice su madre.
Me siento en el sofá al lado suyo y me quedo algo cortado. No la conozco y me he quedado a solas con ella. Ya sé que no me va a hacer nada. Es una mujer muy agradable y me está tratando genial lo que llevo en la casa. Ve el amor que nos tenemos su hija y yo y se alegra.
-Bueno, Javier, ¿y qué tal tu familia?
-Todos bien, gracias. ¿Y usted qué tal está?
-Pues tirando. Si te dijera que bien, te mentiría.
-Pues está usted estupenda.
-Ay hijo, tú que me ves con buenos ojos. Ahora entiendo a María que se haya fijado en ti. Si eres un encanto de chico.
Le hago un gesto con la mano quitándole importancia. Seguimos hablando un poco más. Hablamos de cómo nos va en Tu cara me suena, cómo es de cerca Àngel que a mí me mete mucha caña. Llevamos ya un rato hablando y María aún no ha vuelto.
-¿Su hija le ha dicho dónde iba?
-No, sólo que se iba y que no tardaría en volver. Pero es verdad que está tardando un poco. Pero tranquilo. ¿La quieres mucho?
-Más de lo que puedo. Es la mujer con la que quiero compartir mi vida, verla al despertar, desayunar juntos, yendo juntos por la calle cogidos de la mano, pasar las tardes en casa o salir por ahí...
-¡Que no soy una jovencita!-se oye por la puerta. María ya ha vuelto. Me sale una sonrisa automática.
Espero hasta que se acerque al salón. Tengo ganas de verla y eso que no hace tanto que no nos vemos. La veo aparecer por la puerta con una sonrisa de oreja. Viene muy guapa.
-¿Qué me querías?
-Ven-me llama. Me levanto y me acerco a ella.-Y cierra los ojos.
¿Qué me tendrá preparado? La miro inseguro, pero con la mirada me insiste. La hago caso y cierro los ojos.
jueves, 1 de mayo de 2014
Capítulo 233:No puedo...
Relatado por Ángeles Muñoz
-Como tú me has presentado a tu familia, lo justo es que yo te presente a la mía-le digo a Santi.-Y tú, mi niña-me dirijo a Calma-ya es hora que conozcas a la abuela.
-Pero si ya la conozco... María...-me dice Calma como si fuese lo más evidente del mundo.
Santi y yo nos miramos y sonreímos. En nuestra mirada se puede leer: "¿se lo dices tú o se lo digo yo?". Al final es Santi quien se lo dice.
-Lo que Ángeles quiere decir es que te va a presentar a su mamá-Santi.
Como habréis podido adivinar, estamos en Madrid. En el tren y nos dirigimos al barrio donde me crié. Aquí empezó todo y me siento muy orgullosa de mi barrio, San Cristóbal de los Ángeles. Javi y su hermano Pedro eran mis vecinos cuando era pequeña y más de una vez fui a su casa. Llegamos a mi barrio y caminamos hasta mi casa. La casa familiar. Luego iré a donde mis hermanas. Ellas ya no viven en casa. Toco el timbre.
-¿Quién es?-pregunta la voz de mi madre por el telefonillo.
-Soy Ángeles, mamá-le respondo.
-Sube hija-y me abre el portal. Entramos al portal y miro a Santi. Lleva una camiseta y unos vaqueros. Le pongo bien la camiseta. No es que esté mal, pero es que estoy muy nerviosa. Calma lleva una falda, una camiseta y una chamarra. Todo rosa. Es su color favorito. Cuando que están a mi gusto, subimos las escaleras. La puerta está abierta y mi madre en la puerta.
-¡Hola cariño!-me saluda mi madre y me da un beso-¿Tú no eres Santiago?-le pregunta.
-Sí, señora-Santi.
-Trátame de tú y llámame Lucía-le dice a Santi-¿Y quién es esta niña tan guapa?
Calma se esconde detrás de su padre.
-Calma, no seas tímida-le digo a la pequeña-Es la abuela.
Calma se asoma un poco para ver a mi madre. Santi y yo sonreímos al verla tan vergonzosa.
-Pero pasad, no os quedéis en la puerta-nos invita mi madre.
Calma va pegada a su padre y entramos los 3 a casa. La casa sigue como siempre.
-Veo que hay novedades, ¿no Ángeles?-me pregunta mi madre mirando a Santi y a Calma.
-Unas cuantas, pa que nos vamos a engañar-sonrío.
-Verás Lucía, tu hija y yo...nos hemos enamorado-Santi.
-¡Eso es fantástico! ¿Y esta niña...?-pregunta un poco confusa.
-Es hija de Santi, pero no mía. Es de su anterior pareja-Ángeles.
-¿Quieres galletas, pequeña?-Lucía.
-Sí-dice Calma casi inaudible.
-Pues acompáñame-Lucía.
Calma mira a su padre como pidiéndole opinión y su aprobación. Santi sonríe y asiente con la cabeza. Calma se levanta y sigue a mi madre que ya se ha levantado y le da la mano. Salen del salón y nos quedamos a solas Santi y yo. Nos miramos y sonreímos. Desde que tenemos a la niña con nosotros, no hemos tenido ni un momento para estar a solas. Santi me acaricia la cara y carraspea.
-Yo te quería decir una cosa... pero...-no sabe cómo continuar, pobre. Es más mono.
-Tranquilo Santi, dímelo con calma-le insto a que continúe.
-Yo... tú... nosotros... ¿quieres...?-busca en el bolsillo del pantalón. ¿No será lo que creo que es, verdad?
Saca una cajita pequeña de color azul y la abre con mucho nerviosismo. Me pongo a llorar de la emoción. Le miro, le cojo la cara entre mis manos y lo beso. Me interrumpe el beso.
-Si aún no sabes qué quiero-dice y se empieza a reír. Me empiezo a reír yo también, pero de puros nervios.
-¿Crees que no sé lo que quiero? ¿O me dirás que esto no es lo que es?
-Creo que sí, pero déjame por favor. Déjame acabar y luego me dices ¿vale? Me cuesta mucho decir esto.
Asiento y me coge la mano. Me la besa delicadamente como un apuesto caballero a su princesa.
-Ángeles, ¿quieres casarte conmigo?-me pregunta mientras saca el anillo del estuche y me lo coloca en el dedo.
Miro el anillo, lo miro a él y caen más lágrimas por mis mejillas.
-Santi, estaría encantada de casarme contigo pero...
En ese momento oímos a Calma y a mi madre volviendo por el pasillo. Se las oye hablar. Parece que el momento que han pasado en la cocina les ha servido para coger confianza, para afianzar la relación abuela-nieta.
-Papi, mami. ¿Qué pasa? ¿Por qué lloráis?-nos pregunta Calma.
-Hija, ¿qué te pasa?-Lucía.
Relatado por Àngel Llàcer
Poco a poco me voy despertando de este letargo. He oído la voz de mi princesa cantándome a mí y no podía dejarla sola. Mi cuerpo ha reaccionado a su petición en forma de canción. He sentido una fuerza que me ha sobrecogido: tenerla cogida de mi mano. Me daba rabia escucharla y no poder estar con ella. Abro los ojos del todo y la veo a mi lado. Veo a Mónica y a mi sobrina a mi lado.
-Àngel, ¿estás bien?-me pregunta el médico examinándome los ojos.
-¿Qué ha pasado?-Àngel.
-Has tenido un accidente en la calle, te han atropellado.
Tengo la necesidad de moverme, de levantarme pero no puedo moverme. No siento las piernas. Me siento frustrado.
-Doctor, no siento las piernas. ¿Qué me pasa?-Àngel.
-Te haremos un escáner, pero no te preocupes que es normal. Veremos con el paso del tiempo cómo evolucionas.
El médico se va y la enfermera cambia el gotero y también se marcha. Miro a Mónica y a Kim. Están también mi cuñada y la amiga de mi sobrina. Intento sonreír para no preocuparlas, pero el no poder moverme me puede demasiado. Yo soy una persona que no puede estar quieta, estoy en movimiento todo el tiempo. Y verme ahora en la cama de un hospital sin poderme mover... ¡Dios! Suspiro y giro la cabeza para que no me vean. Golpeo la almohada con rabia.
-¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!-maldigo en voz alta.
-Cariño, por favor...-me pide Mónica.
-¿No lo entiendes Mónica? ¡No me puedo mover! Ya no soy el mismo que conociste. Dejadme sólo, por favor-digo sin girarme.
-Tito...-Kim.
-¡Que os vayáis! ¡Dejadme solo!-grito.
Sé que me voy a arrepentir de echarlas cuando más las necesito, pero ahora mismo lo siento así. Quiero quedarme solo, quiero desahogarme. Oigo la puerta cerrarse y es cuando me giro hacia donde estaba mi princesa hasta hace un momento. Miro la puerta y empiezo a llorar. No he sido justo con ella. Cuando esté bien, se lo intentaré explicar. Alargo el brazo para coger el móvil y así me distraeré. Tengo unos cuantos whatsapp. Todos son de apoyo y de ánimo. Mis compañeros, amigos y concursantes me piden que despierte, que sin mí no va a ser lo mismo la vida. ¡Ah! ¿Y así la vida es igual? No es lo mismo, todo ha cambiado. Espero que sea pasajero. No quiero quedarme en una silla de ruedas para toda la vida. ¿Cómo iría a plató? ¿A los ensayos? Sería un impedimento para todo. No. Me tengo que recuperar. Recuperar mi vida antes de este maldito accidente.
-Como tú me has presentado a tu familia, lo justo es que yo te presente a la mía-le digo a Santi.-Y tú, mi niña-me dirijo a Calma-ya es hora que conozcas a la abuela.
-Pero si ya la conozco... María...-me dice Calma como si fuese lo más evidente del mundo.
Santi y yo nos miramos y sonreímos. En nuestra mirada se puede leer: "¿se lo dices tú o se lo digo yo?". Al final es Santi quien se lo dice.
-Lo que Ángeles quiere decir es que te va a presentar a su mamá-Santi.
Como habréis podido adivinar, estamos en Madrid. En el tren y nos dirigimos al barrio donde me crié. Aquí empezó todo y me siento muy orgullosa de mi barrio, San Cristóbal de los Ángeles. Javi y su hermano Pedro eran mis vecinos cuando era pequeña y más de una vez fui a su casa. Llegamos a mi barrio y caminamos hasta mi casa. La casa familiar. Luego iré a donde mis hermanas. Ellas ya no viven en casa. Toco el timbre.
-¿Quién es?-pregunta la voz de mi madre por el telefonillo.
-Soy Ángeles, mamá-le respondo.
-Sube hija-y me abre el portal. Entramos al portal y miro a Santi. Lleva una camiseta y unos vaqueros. Le pongo bien la camiseta. No es que esté mal, pero es que estoy muy nerviosa. Calma lleva una falda, una camiseta y una chamarra. Todo rosa. Es su color favorito. Cuando que están a mi gusto, subimos las escaleras. La puerta está abierta y mi madre en la puerta.
-¡Hola cariño!-me saluda mi madre y me da un beso-¿Tú no eres Santiago?-le pregunta.
-Sí, señora-Santi.
-Trátame de tú y llámame Lucía-le dice a Santi-¿Y quién es esta niña tan guapa?
Calma se esconde detrás de su padre.
-Calma, no seas tímida-le digo a la pequeña-Es la abuela.
Calma se asoma un poco para ver a mi madre. Santi y yo sonreímos al verla tan vergonzosa.
-Pero pasad, no os quedéis en la puerta-nos invita mi madre.
Calma va pegada a su padre y entramos los 3 a casa. La casa sigue como siempre.
-Veo que hay novedades, ¿no Ángeles?-me pregunta mi madre mirando a Santi y a Calma.
-Unas cuantas, pa que nos vamos a engañar-sonrío.
-Verás Lucía, tu hija y yo...nos hemos enamorado-Santi.
-¡Eso es fantástico! ¿Y esta niña...?-pregunta un poco confusa.
-Es hija de Santi, pero no mía. Es de su anterior pareja-Ángeles.
-¿Quieres galletas, pequeña?-Lucía.
-Sí-dice Calma casi inaudible.
-Pues acompáñame-Lucía.
Calma mira a su padre como pidiéndole opinión y su aprobación. Santi sonríe y asiente con la cabeza. Calma se levanta y sigue a mi madre que ya se ha levantado y le da la mano. Salen del salón y nos quedamos a solas Santi y yo. Nos miramos y sonreímos. Desde que tenemos a la niña con nosotros, no hemos tenido ni un momento para estar a solas. Santi me acaricia la cara y carraspea.
-Yo te quería decir una cosa... pero...-no sabe cómo continuar, pobre. Es más mono.
-Tranquilo Santi, dímelo con calma-le insto a que continúe.
-Yo... tú... nosotros... ¿quieres...?-busca en el bolsillo del pantalón. ¿No será lo que creo que es, verdad?
Saca una cajita pequeña de color azul y la abre con mucho nerviosismo. Me pongo a llorar de la emoción. Le miro, le cojo la cara entre mis manos y lo beso. Me interrumpe el beso.
-Si aún no sabes qué quiero-dice y se empieza a reír. Me empiezo a reír yo también, pero de puros nervios.
-¿Crees que no sé lo que quiero? ¿O me dirás que esto no es lo que es?
-Creo que sí, pero déjame por favor. Déjame acabar y luego me dices ¿vale? Me cuesta mucho decir esto.
Asiento y me coge la mano. Me la besa delicadamente como un apuesto caballero a su princesa.
-Ángeles, ¿quieres casarte conmigo?-me pregunta mientras saca el anillo del estuche y me lo coloca en el dedo.
Miro el anillo, lo miro a él y caen más lágrimas por mis mejillas.
-Santi, estaría encantada de casarme contigo pero...
En ese momento oímos a Calma y a mi madre volviendo por el pasillo. Se las oye hablar. Parece que el momento que han pasado en la cocina les ha servido para coger confianza, para afianzar la relación abuela-nieta.
-Papi, mami. ¿Qué pasa? ¿Por qué lloráis?-nos pregunta Calma.
-Hija, ¿qué te pasa?-Lucía.
Relatado por Àngel Llàcer
Poco a poco me voy despertando de este letargo. He oído la voz de mi princesa cantándome a mí y no podía dejarla sola. Mi cuerpo ha reaccionado a su petición en forma de canción. He sentido una fuerza que me ha sobrecogido: tenerla cogida de mi mano. Me daba rabia escucharla y no poder estar con ella. Abro los ojos del todo y la veo a mi lado. Veo a Mónica y a mi sobrina a mi lado.
-Àngel, ¿estás bien?-me pregunta el médico examinándome los ojos.
-¿Qué ha pasado?-Àngel.
-Has tenido un accidente en la calle, te han atropellado.
Tengo la necesidad de moverme, de levantarme pero no puedo moverme. No siento las piernas. Me siento frustrado.
-Doctor, no siento las piernas. ¿Qué me pasa?-Àngel.
-Te haremos un escáner, pero no te preocupes que es normal. Veremos con el paso del tiempo cómo evolucionas.
El médico se va y la enfermera cambia el gotero y también se marcha. Miro a Mónica y a Kim. Están también mi cuñada y la amiga de mi sobrina. Intento sonreír para no preocuparlas, pero el no poder moverme me puede demasiado. Yo soy una persona que no puede estar quieta, estoy en movimiento todo el tiempo. Y verme ahora en la cama de un hospital sin poderme mover... ¡Dios! Suspiro y giro la cabeza para que no me vean. Golpeo la almohada con rabia.
-¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!-maldigo en voz alta.
-Cariño, por favor...-me pide Mónica.
-¿No lo entiendes Mónica? ¡No me puedo mover! Ya no soy el mismo que conociste. Dejadme sólo, por favor-digo sin girarme.
-Tito...-Kim.
-¡Que os vayáis! ¡Dejadme solo!-grito.
Sé que me voy a arrepentir de echarlas cuando más las necesito, pero ahora mismo lo siento así. Quiero quedarme solo, quiero desahogarme. Oigo la puerta cerrarse y es cuando me giro hacia donde estaba mi princesa hasta hace un momento. Miro la puerta y empiezo a llorar. No he sido justo con ella. Cuando esté bien, se lo intentaré explicar. Alargo el brazo para coger el móvil y así me distraeré. Tengo unos cuantos whatsapp. Todos son de apoyo y de ánimo. Mis compañeros, amigos y concursantes me piden que despierte, que sin mí no va a ser lo mismo la vida. ¡Ah! ¿Y así la vida es igual? No es lo mismo, todo ha cambiado. Espero que sea pasajero. No quiero quedarme en una silla de ruedas para toda la vida. ¿Cómo iría a plató? ¿A los ensayos? Sería un impedimento para todo. No. Me tengo que recuperar. Recuperar mi vida antes de este maldito accidente.
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