jueves, 19 de noviembre de 2015

Capítulo 337:Lo que realmente pasó

Relatado por María del Monte


Abrazo a Santi y dejo que se desahogue. Esto no está siendo fácil para ninguno de nosotros, menos para él. Le transmito fortaleza, cariño, confianza. O al menos eso intento. Cuando está algo mejor, volvemos a la sala de espera.
-Voy a pasar a verla-María.
Miro a Santi para ver si está bien y me asiente en silencio. Salgo de allí y camino por el pasillo hasta llegar a unas puertas. Abro las puertas y me adentro en la zona de boxes. Voy por el pasillo y al fondo veo un puesto de enfermería. Le pregunto por Ángeles y me dice dónde está. Voy hacia allí y abro la cortina. la cierro rápidamente y la miro. La veo llorando, con sus manos sobre su tripa. Me acerco lentamente a su lado.
-Cariño...-María.
Cuando estoy a su altura, echa los brazos hacia mí y le respondo con un abrazo. Un abrazo que se alarga para intentar calmar su dolor. Pero no su dolor físico, sino el anímico. Lo ha debido pasar fatal y encima está lo de la pérdida. No se lo han dicho, pero lo ha debido intuir. Nos separamos, pero la sigo teniendo agarrada de la mano.
-Yaya, ¿por qué a mí? ¿Qué he hecho mal?-me pregunta entre lágrimas.
Se me parte el alma verla así.
-Tú no has hecho nada malo. El que te haya hecho esto ha sido el culpable, no tú. Tú eres la mujer más buena y cariñosa que conozco-María.
-Gracias María, pero... mi bebé... lo he... perdido...-no puede ni hablar de la pena que siente.
-¿Quieres contarme qué ha pasado?-le acaricio la mano con una mano y con la otra le limpio las lágrimas que le caen por el rostro.
-Siéntate a mi lado, por favor...-Ángeles.
Me hace un hueco en la cama y, sin soltarle la mano, me siento a su lado. Me mira con esos ojos tristes. Esos ojos que nunca habíamos visto antes, pero que ahora no puede evitar tenerlos.
-Pero prométeme que no se lo vas a contar a nadie o vendrá por mí-dice muerta de miedo.
-Ángeles, mi niña...-María.
-Por favor, María... Prométemelo...-Ángeles.
-De acuerdo...-accedo a regañadientes.
Se acomoda sobre la almohada, pone una mueca de dolor y me mira. Me mira como si atravesase mi piel con su mirada, como si estuviese viendo a través de mis ojos.
-He dicho que no recordaba nada, pero en realidad me acuerdo de todo lo vivido-empieza a decir con la mirada puesta en la mía.
Suspira y la mano que tenía en la tripa, la lleva a la cara y se limpia una lágrima que le ha caído. Y empieza a relatar lo que ha vivido.


Relatado por Ángeles Muñoz


María tiene derecho a saberlo y confío en que no se lo dirá a nadie. Fue muy clarito con  su advertencia: como se lo digas a alguien, voy a por ti y te mato. Bueno no me dijo "te mato", pero ese "voy a por ti" fue muy convincente. Y la forma de decirlo también. No dejo de mirar a María fijamente. Con ella me siento tranquila.
-Todo empezó ayer en la estación de Barcelona. Me pareció verle cuando estaba subiendo al tren, pero me convencí que no podía ser. Pero mi pesadilla se confirmó al llegar a Madrid. Me estaba esperando a la salida del baño y me cogió. Me dijo que no gritase. Tiraba de mí haciéndome daño en el brazo. A la fuerza le iba siguiendo por la estación hasta la calle. Allí me empujó a un coche y me tapó los ojos. No pude ver nada, a dónde me llevaba. Tras un rato en marcha, paramos y me volvió a agarrar del brazo y a tirar de mí. Me empujaba para que anduviese. Yo no quería seguirle. Al llegar a un lugar, me quitó la venda. Ese lugar estaba a oscuras. Por eso me había quitado la venda. Me dijo que era una mentirosa, que le dije que no podía tener hijos cuando en realidad sí podía. Me abofeteó varias veces, me dio patadas. Hasta que en un momento salió a hablar fuera. No sé con quién hablaba. Pero cuando volvió me dijo que no iba a tener más hijos. Me dio una patada en la tripa. Me llevé las manos a ella protegiendo a mi bebé y reuní el valor para decirle que acabaría en la cárcel. Entonces me agarró del cuello y me dijo... me dijo que no le contase nada a nadie. Fue un aviso. Se llevó la mano al pantalón y me pone una navaja cerca de mi cara para que la vea. La baja. Yo creía que era para guardarla o llevarla a mi cuello como aviso. Pero noté el dolor en mi vientre. Y me desmayé. Desperté aquí-miro a María de nuevo.-Por eso no puedes decir nada a nadie o... me matará-otras lágrimas escapan de mis ojos.
-Pero, mi niña, no puedes dejar que esto quede así. Si no lo denuncias, volverá a por ti y a saber lo que te hace...-María.
-No le culpo, yo le mentí...-Ángeles.
-¡Ángeles! ¡No! No tienes la culpa, sólo él es culpable de esto-María.
La cortina vuelve a abrirse y entra un médico, distinto al anterior. Le pide a María que salga. En cuanto María sale, mira mis heridas y mis moratones. Tras hacerme el reconocimiento, sale y vuelve a entrar María.
-Al menos díselo a Santi. Tiene derecho a saberlo...-María.
-No, no puedo... A él... no le mentí, pero le oculté la verdad, Os la he ocultado a todos. Hasta Tinet tuvo que dar la cara por mí. Por algo que no era verdad. Es hora que asuma mis consecuencias-digo con convencimiento.

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