Relatado por Santiago Segura
Acabamos de salir Ángeles y yo del médico. Le han vendado la mano y le han mandado una crema para que se eche entre los dedos y en la palma en cuanto se quite la venda. Tiene que estar con ella unos 5 días o así. No quería venir, pero la he obligado porque sino se le podría poner peor.
-No tenías que haberte molestado, Santiago. No ha sido para tanto.
-¿Qué no ha sido para tanto? Te has quemado la mano, Ángeles. Ya has oído al médico.
-Me dolía un poco pero no como para venir corriendo. Me tengo que preparar para esta noche. Aún tengo que ensayar un poco más.
-Para mí no ha sido molestia, ya lo sabes. Pero, ¿estás bien? ¿Segura?
-Que sí, Santiago. No te preocupes más.
-Vale, guapa!-la sonrío.
La verdad es que ahora ya estoy más tranquilo. Me asusté mucho al oír ese grito de Ángeles y ese ruido de cristales en el suelo procedentes de la cocina. En cuanto lo oí me levanté del sillón y me fui directo a la cocina. Allí vi cristales en el suelo y la mano de Ángeles muy roja y ella sujetándosela y soplándose. Supongo que para aliviarse un poco el dolor. La convencí para ir a su médico de urgencia. No he visto un caso más urgente que este, aunque ella se empeñaba en que no había que ir; que estaba bien.
La acompaño hasta casa para ayudarla con las últimas cosas que tenga que hacer antes de irse. Supongo que necesitará ayuda hasta para comer y yo estaré encantado de ayudarla.
-No hace falta que me acompañes a casa, estoy bien.
-No vas a poder comer con esa mano, déjame ayudarte.
Llegamos a su casa e intenta abrir la puerta, pero como lo tiene que hacer con la izquierda le cuesta. Cuando consigue abrir entramos y deja la chaqueta en el perchero de la entrada. El médico le ha dicho que no mueva la mano durante al menos 2 días. Así que la tiene inutilizada y es la derecha. Va a tener que aprender a manejarse con l izquierda. Pero hasta que aprenda, aquí estaré yo para ayudarla.
-¿Qué quieres para comer, bonita?-le pregunto sentándome a su lado en el sofá.
-Bueno, ya que te empeñas... unos macarrones con tomate.
-¡Oído cocina!-y me voy a la cocina a prepararlos.
Pongo la mesa en la cocina mientras se van haciendo.
-¡La comida está lista! ¡A comer!-aviso a Ángeles.
Ángeles viene y se sienta a la mesa. Cojo su tenedor y me pongo al lado suyo con una silla, sentándome a su lado.
-A ver, abre la boquita...
-¡Qué tonto eres!-sonríe un poco.
Y así poco a poco me voy ganando su confianza y va comiendo de lo que yo le doy con el tenedor.
-¿Tú no comes?
-Ahora como, si tú me permites...
-Claro, quédate y come aquí y nos vamos juntos a la estación.
-Antes tengo que pasar por casa a por la maleta.
-Desde luego, pero luego ¿eh? Ahora tienes que comer.
-Sí, jefa.
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