jueves, 30 de marzo de 2017

Capítulo especial: 1 mes (XVIII)

Relatado por X


Me dirijo con el coche por el camino que recorro cada semana. Voy pensando en las palabras, en las amenazas. Y recuerdo aquellos días en los que era feliz. Ella no se daba cuenta y yo nunca me atreví a confesárselo. Siempre estuvo enamorada de otra persona. Pero, como yo, tampoco era correspondida. La persona de la que se había enamorado, tenía otra en mente. De hecho ahora tienen una bonita historia de amor. Y hubiesen sido una familia, sino me hubiesen obligado a actuar así.


*Unos meses antes*


Estamos en la puerta del hospital. Una enfermera se nos acerca y nos indica que la acompañemos. Nos guía por los pasillos. Subimos en el ascensor hasta una de las últimas plantas. Volvemos a caminar por unos pasillos. Y al fondo hay una puerta. Nos dice que esperemos un momento y toca la puerta. La miro. Su mirada está fija en esa puerta por la que ha desaparecido esa chica.
-No sé si estamos haciendo bien...
-No me digas que ahora te vas a rajar. ¿No era que la odiabas?
-Bueno tanto como odiar...
-Te puso en ridículo, te humilló delante de todos. ¿O es que no te acuerdas?
-Sí, pero robarle a su hija...
-Mira Francisco, yo no pienso consentir que ellos 2 sean felices. Àngel debía estar conmigo y sin embargo está con...-se queda en silencio un momento para luego decir-con ésa-dice con repugnancia.
-¿Y si nos pillan? Porque sabes que por esto nos podemos meter en un lío muy grande.
-Por esto te lo estoy encomendando a ti. Yo no sé si dentro de poco estaré en la cárcel. De modo que no podré continuar. Pero quiero venganza.
Me quedo mirándola fijamente a los ojos. Pero mis pensamientos se detienen debido a la voz de la chica que nos pide que pasemos al despacho. Accedemos al despacho y el médico se levanta para recibirnos.
-Francisco y Sylvia, qué alegría veros. Ya tenía ganas de conoceros-nos ofrece su mano que estrechamos-Por favor, sentaos.
Vuelve a su silla, detrás del escritorio, y toma asiento. Sylvia se sienta en una de las sillas. Yo me quedo mirando el despacho. Sylvia me hace una señal para que me siente y enseguida le hago caso. La enfermera se va al lado del médico y se queda de pie a su lado.
-Según me ha contado mi enfermera-la mira con una sonrisa-,tenéis unos amigos que no pueden tener hijos.
-Así es-contesta Sylvia.
Miro a Sylvia sin saber a quiénes se refiere. Me quedo un buen rato mirándola hasta que sigue hablando y desvío la mirada a mis manos.
-Y también tenemos a la madre. Ahora está embarazada. Pero cuando llegue el momento...-se gira y me dedica una sonrisa. Le devuelvo la sonrisa.
-Lo comprendo, pero esto no puede salir de aquí. En este país no está permitido y vamos a hacer una excepción. Begoña, por favor-dirige su vista a la chica de su lado-trae los formularios de mediadores para que rellenen los datos de la donante y los perceptores.
-Ahora mismo, doctor Dávila.
La enfermera sale del despacho a buscar dichos papeles.


*Presente*


Antes de tomar el desvío al hospital debo ir a un lugar. Se lo debo a ella y a mí mismo. Nunca me atreví hasta ahora. No me puedo creer que ya no esté en este mundo. Cuando lo vi en la prensa no me lo podía creer. De hecho me negaba a creerlo. Y el no ir a visitarla, hacía como que no se hubiese ido. Como que estaba lejos. Pero viva. Aparco en la puerta y salgo del coche. En la entrada hay un puesto de flores y me detengo en él. Observo los ramos expuestos. No me decido por ninguno. No sé cuáles eran sus flores preferidas. Estaba enamorada de ella, pero nunca me atreví a cruzar más palabras de las necesarias. Sólo sé lo básico de ella. La vendedora me pregunta qué tipo de flores quiero. Le contesto un escueto no lo sé. Y dejo que ella elija por mí. Al tener las flores en la mano, atravieso las puertas y me dirijo al lugar donde se encuentra ella. Me pongo frente a su tumba y deposito las flores encima de la lápida.
-Sylvia, ojalá estuvieras aquí conmigo. Esto se está convirtiendo en un infierno. Y no solo porque no estés en este mundo, sino porque también me están amenazando. He vuelto a ver a Carolina. Ha seguido a María y a Javi. No sé qué habrán estado hablando, pero seguro que ha sido sobre la niña de Mónica. No olvides que ella es su mejor amiga y no quiere verla mal. Y yo tampoco hubiese querido verte mal. Si hubiese sabido de tu enfermiza obsesión por Àngel, te hubiese confesado que...-trago saliva. Aún me cuesta decírselo. Aunque no esté físicamente delante de mí-Que te quería y me enamoré de ti. Sí, soy un idiota por haberme callado esto. Y ahora tú ya no estás-unas lágrimas escapan de mis ojos.
Me quedo mirando su nombre y la fría piedra durante un rato. En cuanto abandone este lugar, tengo que ir al hospital. Me tienen dicho que les vigile. Nadie se puede enterar quién es y de quién es esa niña. De modo que debo contar lo de siempre: que está bien todo, que no ha contado nada. Ya me asegure de que María no hablase.

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