Relatado por Ángeles Muñoz
Santiago se ha quedado en casa a comer. La verdad es que me trata muy bien.. Detrás de su fachada que muestra de cara a los medios de gracioso, se esconde un hombre tierno y amable. Me está encantando conocerle un poco más.
-¿Has terminado de hacer la maleta?-me pregunta.
-Sí, ¿y tú ya la has hecho?
-Estoy a punto de terminarla.
-Pues ve y termínala que a este paso llegamos a la 2ª gala-le digo en broma.
-Ángeles, se te está pegando mi humor, ¿eh?-me sonríe.
-Bueno...-me sonrojo y miro hacia el suelo sonriendo, evitando mirarle.
No me puedo creer esto que me está pasando con Santiago. ¡Con Santiago! Es que es muy fuerte. Siempre le he visto como el Torrente que siempre ha hecho en sus pelis. Y Torrente no es que sea un Adonis ni un príncipe azul precisamente. Pero estoy descubriendo el lado más sensible de Santiago, un tío que se preocupa, que tiene buenas palabras y que tiene detalles.
-Bueno, Ángeles, nos vemos en la estación si quieres. Que voy a casa a terminar la maleta. ¿Podrás llevarla con esa mano?-me pregunta señalando a mi mano izquierda.
-Sí, no te preocupes.
-Ya te la llevo yo, mujer-se ofrece.-Me la llevo a casa y luego te la llevo a la estación. O...-se calla ruborizado.
-O, ¿qué?
-O... te puedes venir a mi casa...-dice mirando al suelo para luego levantar la mirada y mirada y mirarme a mí con una medio sonrisa en los labios.
-Esto... no sé...-la temperatura de mi cara ha debido subir descomunalmente porque me noto mucho calor en las mejillas.
-¡Venga, guapa!-me anima. Me pone el brazo encima de mis hombros y sonrío. Tengo más dudas que nunca pero creo que esto va a ayudar a decidirme, ¿no? ¿Qué hago?
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