Relatado por Javier Herrero
-Hoy te veré imitando, ¿no?-me pregunta mi hermano mientras tomamos un café.
-Al menos lo intentaré. Ya sabes que imitar no es mi fuerte... No he hecho otra cosa que cantar contigo y con mi voz...
-Estoy seguro que lo harás muy bien-me sonríe.
-Ah pues gracias.
Miro al reloj, nervioso. Pedro se da cuenta y me mira sonriendo intentando tranquilizarme. Nos entendemos sólo con la mirada. Esta compenetración la tenemos desde pequeños y para cantar como Pecos nos ayudó mucho. Nos sentíamos arropados el uno por el otro. Pero sobre todo yo me sentí arropado por él, pues siempre he sido muy tímido y vergonzoso. La fama la llevé un poquito mal pues eso de que me reconocieran, me daba corte. Al cantar no tanto, pues, como he explicado en las entrevistas, tenía al lado a mi hermano. Pedro siempre estaba ahí para animarme, para intentar que me quitase esa vergüenza que yo tenía. Y va a ser ahora, en Tu cara me suena, cuando viva un poco la vida. Porque ya me entenderás los que son o los que han sido tímidos, pero nos perdemos muchas cosas. ¿A que sí? Te quedas dentro de ti porque te da vergüenza relacionarte con los demás, hacer cosas. Yo travesuras nunca he hecho. He sido el típico niño bueno que no se movía en clase, que no hablaba pero tampoco participaba.
Voy a mi habitación a coger la maleta. Ya es hora de ir yendo a la estación par coger el tren. Además he quedado con Ángeles allí.
-Bueno Pedro, ya es hora de que me vaya a la estación.
-¿Quieres que te lleve?-se ofrece.
-De acuerdo.
Coge su chaqueta y salimos de casa, yo con mi maleta en la mano. Meto la maleta en el maletero y me siento en el asiento del copiloto al lado de Pedro. La verdad es que no está muy lejos mi casa de la estación pero así podemos ir hablando de camino. No nos podemos ver tanto como deseáramos y ahora menos al tener que estar en Barcelona, así que aprovechamos este viaje para ponernos al día de nuestras cosas.
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