Relatado por María del Monte
No podía más con esta presión y decidí irme del restaurante. Sé lo que me vais a decir, así que os lo podéis ahorrar. Sé que mi actitud ha sido cobarde, pero me diréis que la de Javi no lo ha sido. ¿O me decís que la apoyáis a él? No tengo ni idea qué se traerá entre manos, pero me ha mentido. Seguro que ha vuelto con su mujer y no me lo quiere contar. O está con las 2 a la vez. Pues yo no soy el segundo plato de nadie. Llevo ya un rato aquí empapándome, pero no me importa. No veáis cómo se ha puesto a llover de repente. Le doy vueltas a lo que ocurrió hace unos días en Sevilla con mi madre delante. Creía que Javi era diferente, que me quería. Pero es como los demás. Un hombre casado jamás dejará a su mujer, mira que me lo avisaron mis amigos. Yo le quiero y estaba ciega de amor. Cojo el móvil que se empapa con la lluvia, se empaña la pantalla. Con el móvil en la mano aún no sé qué hacer. Estoy hecha un lío, sólo quiero que esto y no tener que hacerlo. Desbloqueo el móvil y busco en la agenda. Lo pulso y espero a que me conteste. Sólo le voy a pedir opinión, no quiere decir nada. Porque a pesar de todo confío en él. A lo mejor hay una razón por la cual me haya mentido. Merece explicarse. Al otro lado de la línea se oye un diga cansado.
-¿Mamá? No te habré despertado, ¿verdad?-María.
-La verdad es que ya me tenía que despertar. He quedado con Puri y Conchi para tomar algo. ¿Te pasa algo, hija?
-Pues...-la verdad es que no sé cómo explicarle esto.
-¡Venga hija!-me pide mi madre.
-Creo que Javi me engaña-suelto de golpe.
-¿Qué dices?-me preguntan al otro lado de la línea y a mi espalda.
Me giro y veo a Javi empapado con cara de asombro.
-Mamá, te llamo luego-no la dejo contestar y cuelgo.
-¿Qué dices de que te engaño?-me pregunta Javi serio.
-Me mentiste, no has ido a ver a tu padre porque está...-María.
-¿Muerto? Lo sé. Sé que piensas eso, pero de verdad que no te he engañado. No te puedo contar nada de momento, pero te juro que no te engaño. ¿No te fías de mí?-Javi.
Me quedo mirándole a los ojos, unos ojos que muestran ahora mismo tristeza, asombro y decepción. Creo que está decepcionado por lo que pienso de él. Pero no me ha dejado otra opción. Soy muy celosa y enseguida me monto una película yo sola.
-Di, ¿te fías o no?-me vuelve a preguntar Javi.
Le miro con desconfianza. No sé qué pensar la verdad, no sé qué decirle. Ahora mismo estoy dolida y se me escapan unas lágrimas que se funden con la lluvia.
-Volvamos con los demás, estarán preocupados-sólo me sale decirle eso.
Relatado por Carolina Cerezuela
Bueno pues mientras ellos están en Madrid, yo me he quedado en Barcelona. ¡Y con todos los niños! Se lo dije a Santi porque no la despertara tan pronto, tan pequeñita... Se ha debido pasar la voz y me han ido trayendo a los niños esta mañana dormiditos. Ahora mismo tengo un campamento aquí formado. Bueno un mini campamento. Estamos en la habitación, pero me están pidiendo de ir a jugar.
-Porfa tita, vamos a jugar-me pide Calma.
-¡A futbol!-exclama Martín.
-Buen futbol me da éste...-digo señalando mi tripa, refiriéndome a mi futuro hijo.
-No, a futbol no-salta mi hija.
-¡Venga! Los que quieran jugar a futbol conmigo y los que no con la aburrida-dice mi marido.
Le echo una mirada asesina y le saco la lengua divertida.
-Pues nos lo vamos a pasar mejor nosotras-les digo a los chicos. Es que nos hemos separado por chicos y chicas. Martín y Galileo se han levantado y se han puesto al lado de Carlos. En cambio las niñas se han puesto a mi lado.
-¡Y somos más!-les dice Candela sacándoles la lengua, chinchándoles.
No hay mucha diferencia de edad entre los niños, así que podré jugar tanto con Carla, Calma y Candela. Como cuando juego en casa con Carla. Carlos se acerca a mí y me besa para despedirse. Los niños se emocionan. Yo le quito importancia, sólo ha sido un beso. Hay que ver cómo son los niños con los besos, lo hacen un espectáculo. Martín y Galileo van a salir por la puerta, pero les retengo diciéndoles:
-¿No me vais a dar un beso?-y pongo la cara para que me besen.
Se acerca primero Martín y luego Galileo. Se despiden de nosotras y salen de la habitación.
-Mamá, ¿y qué vamos a hacer?-me pregunta Carla acercándose más a mí.
-¿Qué os apetece hacer?-les pregunto. Si no se les ocurre nada, tengo alguna idea por ahí.
Las niñas se ponen a pensar, las veo concentradas.
-¿Qué? ¿Se os ocurre algo?-les pregunto sonriendo.
-Piensa tú también, tita-protesta Calma.
-Venid conmigo-les digo levantándome y ofreciendo mis manos.
-¿A dónde vamos?-Candela.
-Ahora lo veréis. Candela, dale la mano a Carla-Carolina.
-No, yo-dice Calma.
-Está bien, pero no te sueltes ¿eh? Que como te pase algo, tu padre me mata. Candela, ven aquí cariño-digo ofreciéndole mi mano derecha.
Y así cogidas de la mano salimos de la habitación y vamos al ascensor. Bajamos y salimos del hotel. Las llevo a Getmusic y allí a una sala vacía, pero en la que hay algunas sillas. Empiezo a mover sillas en cuanto llegamos y las niñas se ponen a correr por la sala. He colocado 3 sillas. Supongo que intuís de qué juego se trata.
-Conocéis este juego, ¿verdad?-Carolina.
-Yo sí, he jugado en el cole-dice Candela.
-A ver mis niñas. Este juego se llama "el juego de las sillas". Hay que dar vueltas alrededor de ellas con una música y cuando se pare la música, hay que buscar asiento. Quien se quede de pie, se elimina-les explico.
-Pero somos pocas...-se queja Candela.
-Es verdad, pero no hay otra-Candela.
-¿Y si llamamos a Martín, Galileo y al tito?-Calma.
-Pero a saber dónde estarán ahora, jo-la que se queja ahora es Carla.
Conociendo a mi marido, creo que ya sé dónde estarán.
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