viernes, 3 de octubre de 2014

Capítulo 273:¿Qué hacemos ahora?

Relatado por Ainhoa


¡Hola! Soy Ainhoa. Preguntaréis que quién soy yo, ¿verdad? Pues soy la sobrina de Mónica. Mi padre y ella eran hermanos. Desde que murió papá no la he vuelto a ver. Solía venir de vacaciones a Italia, donde vivimos, pero en cuanto murió dejó de venir. Yo era pequeña para entender porque la tita Mo había dejado de venir a verme y jugar conmigo. Con el tiempo y con lo que me ha ido explicado mamá, he entendido que está muy ocupada y apenas tiene tiempo. Pero la echo mucho de menos y también al tito y al primo. Así que en cuanto nos llamó su pareja (ahora está con otro, pero que me ha parecido majo por teléfono), decidimos hacer las maletas y venirnos mamá y yo a Barcelona para darle una sorpresa. Àngel, el novio de la tita, nos ha indicado dónde está y aquí estoy, en la puerta de su camerino. Mamá se ha quedado hablando con Àngel. Estoy esperando a la tita y estoy bastante nerviosa, aunque no lo parezca. Ya han pasado 5 años desde la última vez que la vi. La quiero mucho y por eso quiero darle esta bonita sorpresa. No sé cómo reaccionará. Veo aparecer a lo lejos 2 figuras que se van acercando a donde yo estoy. Una mujer rubia y otra castaña. Vienen hablando y riendo. Reconozco a mi tía en cuanto la tengo a escasos metros. En cuanto llega a mi posición se sorprende.
-Pero, ¿qué haces tú aquí?-Mónica.
Enseguida se le saltan las lágrimas y sonríe al mismo tiempo. A mí me pasa lo mismo y me abrazo a ella.
-Te espero dentro, churri-oigo decir a la otra mujer.
-Ahora voy-Mónica.
-Te echaba mucho de menos y quería venir a verte-Ainhoa.
-¡Ay mi niña!-dice mientras me abraza y me da besos. Creo que no se lo cree que yo esté aquí. Llegan Àngel y mamá y nos separamos.
-Ainhoa, veo que nos ha salido bien la sorpresa-me dice y me guiña el ojo. Le sonrío.
-¿Pero tú lo sabías y no has dicho nada?-Mónica.
-Es que era una sorpresa, tita-Ainhoa.
Mónica saluda también a mi madre y se preguntan lo típico: qué tal, qué haces ahora, qué es de tu vida. Abrazo a Àngel para saludarle y dejamos a Mónica que entre al camerino a cambiarse. Nos quedamos hablando con este hombre. Enseguida puedo comprobar que es todo un personaje y me río mucho con él.


Relatado por Ángeles Muñoz


Ya ha acabado la gala 6, en la que me he visto guapa después de muchas haciendo de macho ibérico. La anterior me tocó imitar a Antonio Flores y aún recuerdo cuando tuve que hacer de Fito, con esa calva falsa que me pusieron. Hoy he hecho de Thalia. Santi no quería que me quitase el traje porque dice que estoy realmente guapa y sexy vestida así. Pero hay que devolver el traje a vestuario ya se lo he dicho. Me ha pedido que se lo diga a Tinet. Estaba muy insistente, así que aquí me tenéis: indecisa si decírselo o no. Tal vez esta noche toque noche de pasión y quiere usar este vestido para ambientar la noche. Salgo con el traje aún puesto y camino por el pasillo con velocidad. Al llegar a la puerta pongo mi mejor cara y me recoloco el vestido. Toco y espero a que me abran. Me abre y se queda en el quicio de la puerta mirándome con una media sonrisa.
-¿Le podrías decir a Santi que salga, por favor?-Ángeles.
Sigue en la puerta embobado y agito mi mano delante de su cara.
-¿Hola? ¿Me has escuchado?-Ángeles.
-Qué suerte tienen algunos...-murmura Arturo entrando para dentro.
Espero pacientemente hasta que sale y le miro con una sonrisa. Me dedica una ojeada de arriba abajo y al mirarme a los ojos me sonríe. Suspira y se acerca a mí con brusquedad. Posa su mano en mi cintura y me da un beso en los labios.
-¿Al final te dejan quedártelo?-me pregunta Santi tras el beso.
-He pensado que podríamos ir los 2 a decírselo a Tinet. Ya que va a ser cosa de los 2...-Ángeles.
-Shht-me pone un dedo en los labios para hacerme callar-Tengo una idea mejor.
Cierra la puerta y me coge de la mano. Me lleva por el pasillo a un lugar donde sólo él sabe. No me ha querido decir nada. Pero al llegar a una zona del pasillo, ya me suena donde vamos a ir (o eso creo al menos). Santi mira para ver si hay alguien y abre la puerta. Está vacía y la luz apagada. Santi enciende su móvil para iluminar el lugar. No nos podemos arriesgar a encender la luz para que no nos pillen. Oímos pasos y Santi bloquea el teléfono. Mi respiración se agita por el temor a ser descubiertos. Santi se acerca a mí a tientas y me besa para acallar mi respiración. La temperatura del cuerpo empieza a subir y le correspondo a su beso. Mis manos se cuelan por debajo de su camiseta acariciándole la espalda. Ya no oigo pasos ni nada que ponga en peligro lo de ahora. Aunque estamos totalmente a oscuras. Santi no va a poder admirar las vistas. Me separo de él, me ofrece su teléfono para que no me mate por el camino y me acerco al interruptor. La luz se enciende y camino de vuelta moviendo las caderas. Noto en la mirada de Santi pasión, deseo, pero también impaciencia por tenerme entre sus brazos. Me gusta verle derretido por mis huesos. Bueno, no le voy a hacer sufrir más y llego a donde está él. Bailo de forma sexy muy cerca de su cuerpo. Me pongo a espaldas a él y noto como la cremallera va bajando y el vestido cae al suelo. Me agacho para quitarme los tacones le voy desabrochando los botones de la camisa en cuanto me voy levantando. Le voy dando besitos por el cuello y le saco la camisa. La tiro vete a saber dónde. Santi me coge en brazos y me engancho con las piernas en su cintura. Vamos besándonos hasta que noto la pared a mi espalda. Acabamos en el suelo con nuestros cuerpos con la temperatura de un volcán. Acabamos haciendo el amor en esta sala de ensayo. En la que ensayamos con Myriam por la disposición de la sala. Nos empezamos a vestir y vamos a la puerta para irnos. Pero algo inesperado nos sorprende: la puerta no se abre.
-Santi, la puerta no se abre-.Ángeles.
-¿Cómo que no se abre?-Santi.
-Pues como que está cerrada-Ángeles.
-A ver déjame a mí-Santi.
Tras intentarlo con todas sus ganas y sus fuerzas, comprueba que estamos encerrados aquí. Me empiezo a poner nerviosa.
-¿Qué vamos a hacer ahora? He dejado las cosas en el vestuario...-Ángeles.
-Tranquilízate-Santi.
Empieza a golpear la puerta y a gritar para que alguien nos abra, pero parece que nadie viene en nuestra ayuda. Empiezo a respirar agitadamente. Santi deja de golpear la puerta y viene hacia mí. Me abraza y me dice que todo estará bien.
-¡Coño! ¡El móvil!-exclama Santi.
Se oye un pitido.
-¡Mierda! ¡Se me ha acabado la batería!-Santi.

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