Relatado por Mónica Naranjo
Hoy me quedo a dormir con Àngel en el hospital. Le veo bastante animado y quiero pasar el máximo tiempo posible con él. Ya ha pasado la enfermera a darle un vaso de leche a eso de las 12 de la noche. Ya son las 12:3o y Àngel duerme. A mí me está entrando sueño. Observo a Àngel dormir y, sin darme cuenta, me quedo dormida yo. Estoy en un duermevela, en esto que estás medio dormido pero escuchas aún. Oigo ruidos y pasos en el pasillo. No le hago caso y sigo durmiendo en el sillón. De repente se oyen golpes en la puerta, como si estuvieran llamando. Me levanto somnolienta y abro la puerta. No hay nadie y me asomo al pasillo. Está desierto. La luz tintinea. Me acerco al puesto de enfermería y no hay nadie. Me está dando mal rollo. Vuelvo lentamente a la habitación y me siento en el sillón. Pero no he cerrado la puerta, así que me levanto a cerrarla. Pero me encuentro en el umbral a una persona no deseada. Tiene muy mala cara y lleva un hacha entre las manos. Alguien que yo creía muerta por lo que me dijo Àngel. No puede estar pasando. Intento cerrar la puerta a toda velocidad, pero ella me lo impide. Pone el pie y empuja la puerta haciendo que se abra de par en par. La intento detener, pero no se detiene ante nada.
-Silvia, pero si tuviste un accidente...
-Àngel sí que va a tener un accidente. Si no está conmigo, tampoco lo estará contigo.
Sylvia me aparta de un empujón que hace que me caiga al suelo. Desde mi posición, no puedo hacer nada. Me levanto todo lo rápido que puedo y me acerco a la cama. Lo que veo me horroriza. Y Sylvia ha desaparecido. Pero le ha cortado la cabeza a Àngel. A mi espalda, vuelvo a escuchar su voz:
-Ahí tienes tu parte y yo me quedo con la mía.
Me giro y veo que sostiene la cabeza agarrada por el pelo.
-¡ÀNGEL! ¡NOOOO!
Sylvia se empieza a reír con risa malvada y yo empiezo a llorar desconsoladamente. Hago ademán de acercarme a ella, pero me amenaza con el hacha.
-Ni se te ocurra, Mónica, o tú serás la siguiente...
-¡Hija de puta!
Pego un grito y de fondo oigo que me llaman.
-¡Mónica! ¡Mónica!
Me despierto con lágrimas en los ojos y miro a mi alrededor. Cuando miro a la cama de Àngel, veo que está sentado en la cama y apoyado en el cabecero. Me acerco a su lado y puedo apreciar su cara de preocupación Vaya pesadilla acabo de tener. Parecía algo macabro, sacado de una peli de terror.
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